Lunes nos levantamos tarde. Estamos reventados después de un fin de semana tan intenso. Aún así hay que seguir camino, pero dado la orografía y el alto tráfico de la zona, lo mejor es salir de Bilbao en tren. Renfe no me permite montar la bici en sus trenes. Me sorprende mucho que los bilbainos consientan esa situación. El Euskotren es otra historia y puedo tomar rumbo Este, acercándome a casa. Casi sin tiempo para despedirme de Mikel, embarco en un tren que dejo en Ermua. Pregunto a unos paisanos por la carretera de Bergara y me miran sorprendidos: “¡Pero eso está en otra provincia!” Una vez que me he aseguran que no hay puesto fronterizo y que no necesito pasaporte para pasar de Vizcaya a Guipuzcoa me dirijo por una cuesta abajo que me lleva a toda marcha hasta el cruce de la carretera de Bergara. Una vez en Soriluce/Placencia de las Armas puedo tomar una vía verde de desigual trazado, pero que me lleva lejos del tráfico y junto a un río con una frondosa ribera. Siguiendo las instrucciones de Mikel (de Aretxabaleta), continuo por la vía verde hasta que me doy cuenta de que ya tendría que haber llegado a mi destino. El caso es que he seguido una nueva vía verde que se inauguró hace dos días y tengo que volver a tomar la antigua, por lo que tengo que hacer catorce kilómetros de más mientras llueve y anochece.
Por fin, en casa de Mikel y Laura, miembros de Warmshower, me esperan pacientemente para cenar. Son una pareja fenomenal, encantadora, que han recorrido muchos kilómetros por Latinoamérica y el Europa del Este, como quien no quiere la cosa. Empiezo a darme cuenta que los vascos, además de su faceta deportiva y su fama de alpinistas (y robasetas) también son unos cicloturistas de categoría. ¡Qué envidia! En Huesca me dicen que estoy chalao por viajar en bici y sin embargo estoy conociendo gente en el Norte que hace un viaje de tres meses como el que va a comprar el pan.
Por fin, en casa de Mikel y Laura, miembros de Warmshower, me esperan pacientemente para cenar. Son una pareja fenomenal, encantadora, que han recorrido muchos kilómetros por Latinoamérica y el Europa del Este, como quien no quiere la cosa. Empiezo a darme cuenta que los vascos, además de su faceta deportiva y su fama de alpinistas (y robasetas) también son unos cicloturistas de categoría. ¡Qué envidia! En Huesca me dicen que estoy chalao por viajar en bici y sin embargo estoy conociendo gente en el Norte que hace un viaje de tres meses como el que va a comprar el pan.
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