jueves, 30 de mayo de 2013

¡A casa!

De Zaragoza a Huesca es un poco rollo, pero así hago la gracia completa, de modo que me pongo en marcha y pronto el viento empieza a molestar, desde que salgo de Villanueva. Tentación de tomar el tren.

Sigo hasta Zuera y me da tiempo a coger el tren pero decido seguir a pesar de que amenaza lluvia. Por una vez, las predicciones son acertadas y justo a la hora y el lugar empieza a llover ligeramente, pero ¡ay,ay,ay!, empieza a granizar y siento como perdigonadas en los muslos. Pupa. Menos mal que hay un puente y me refugio unos minutos junto a unos moteros.

Por fin para y además tengo viento ligeramente a favor así que ruedo con alegría hasta casa. ¡Qué bien! Y el poto sigue vivo.

Este viaje no ha estado muy programado y el objetivo de llegar a Santiago no lo he cumplido, pero me ha salido redondo y he disfrutado mucho tanto con la ruta como con la gente. El próximo viaje lo haré con etapas más cortas, me pararé a hacer más fotos y a hablar con los paisanos. Me cansaré menos y disfrutaré más de los sitios por los que pase.

martes, 28 de mayo de 2013

Por fin la Pilarica



Lunes no pinta muy bien y no sé si hacer un bici+tren o arriesgarme. Al final me arriesgo como casi siempre. Hemos venido a pedalear. He acertado porque el Bocal, donde nace el Canal Imperial es una preciosidad, así que paso cerca de una hora disfrutando de ese entorno.

El Canal Imperial está siendo arreglado con una capa de gravilla en la que se hunden mis ruedas, pero se va rodando hasta que empieza el viento en contra. Viento en contra a la ida y a la vuelta; no hay derecho. En Gallur estoy harto y me salgo a la carretera y conectando con el CN del Ebro. Tiene muchas vueltas pero es más bonito y el viento se hace más llevadero.


Desde que salí de Ribaforada me persigue una tormenta con sus relámpagos, a pesar del viento en contra, así que en Alagón me meto en la destartalada estación y en menos de un minuto empieza a caer una intensa lluvia. Esta vez me he librado y pronto llegará el tren a Zaragoza. Justo cuando subo al tren para de llover pero estoy cansado y me alegro de poder llegar pronto. Una vez me explicó un transportista maño que sus chóferes se ponían enfermos cuando perdían de vista el Pilar. A mí me ocurre algo parecido: cuando percibo su cercanía me entra una ansiedad que sólo se calma cuando la avisto.
 

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road
sustantivo: road, highway, way, high road, line, load, tack

lunes, 27 de mayo de 2013

Subida al Moncayo



Domingo y tenemos un gran plan familiar: Toño, su hermano, la americana y yo nos vamos a Vozmediano con la furgo cargada de bicis. Allí visitamos el impresionante nacimiento del río Queiles y luego subimos al Moncayo en bici, donde nos esperan para almorzar la santa de Toño, las peques y la inglesa. Al final hicimos un bici+furgo en los últimos kilómetros para que no se nos hiciera tarde. El día es perfecto y tenemos unas vistas impresionantes de los Pirineos. 

Mientras almorzamos nos va cubriendo un frente nuboso y amenaza tormenta. Justo cuando vamos a emprender la bajada empieza a llover. No hay problema, estamos preparados, pero la americana no quiere bajar por el frío: a ella lo que le gusta es subir como una fiera. Al final bajamos Toño y yo en un descenso vertiginoso y espectacular. Da gusto verle adelantarme antes de las curvas y tumbar la bici en mojado. Yo lo adelanto en las rectas largas por peso y lo dejo que me adelante en las curvas sólo para verle pasar. Tardamos media hora en llegar a Vozmediano y a mí me hubiese gustado poder bajar otra media hora, porque ha sido una gozada bajar en mojado adelantando enlatados.

domingo, 26 de mayo de 2013

Bajando a la Ribera

Los diez últimos kilómetros de ayer ya no me hacen sudar tanto. Ahora bajo a Estella como una exhalación. Cruzo el pueblo y tomo una carretera general nada agradable, salvo que el viento me ayuda un poquito y que la pendiente baja hacia el Ebro, por lo que llevo un ritmo muy bueno. Cuando me aproximo al Ebro el viento sopla a favor como nunca lo había hecho durante este viaje, así que voy tan sobrado de tiempo que en Adrián decido tomar el Camino Natural del Ebro: a los diez minutos estoy harto de tanta piedra y meneo de alforjas, pero aguanto hasta pasado Azagra, donde están festejando al estilo Feria de Abril de Sevilla, llenando de volantes y topos el merendero del barquero. Como no me invitan a panceta sigo camino y me meto a la carretera salvando un imposible ¿Camino? Natural del Ebro, más bien pensado para motos de enduro. Por fin llego al puente de Rincón de Soto y como estoy cerca de Corella y soy masoca me meto por un canal sin asfaltar hasta las puertas de Corella. No sé que tiene el agua que me atrae tanto, aunque no tanto como la sidra asturiana. El caso es que pedaleo más a gusto junto a un curso de agua que por una carretera con tráfico. Si los enlatados vieran los restos de accidentes que se ven en la cuneta no correrían tanto; desde la bici se ve todo con más detalle...

A la entrada de Corella hay una laguna, así que doy un poco de rodeo para verla, llegando por fin a casa de Toño y Cris. Hay suerte y hay un super donde puedo aprovisionarme de cervezas para un rato, aunque la nevera de Toño está bien surtida con diferentes clases: así se hace. Toño me lleva de visita express por Corella, que es un pueblo muy avanzado en materia ciclista. Después a casa.

En la casa no soy el único invitado, también hay familia y una kaliforniana (sí, con K, como en la peli, porque daba un poco de miedo). Toño y yo intercambiamos camisetas y degustamos unas cuantas cervezas con el resto de la parroquia. ¡Cómo pasa el tiempo cuando se está con gente tan interesante!



sábado, 25 de mayo de 2013

Caluroso recibimiento en casa de Ofelia


Después de pasar tres días en Vitoria descansando y asistiendo a charlas, entre ellas la de Haritz, por fin tomo la Vasco-Navarra y me dirijo a Estella. Empieza a llover y tengo que abandonar la vía verde ya que hay un túnel bajo los escombros, pero en cuanto empiezo a subir el puerto de Azazeta deja de llover y el buen tiempo me acompañará el resto del día. En la misma curva hay dos memoriales a motoristas fallecidos. La curva no parece muy mala pero nunca se sabe lo que puede pasar.



En Maestu vuelvo a conectar la vía verde después de bajar durante un rato largo. Es un recorrido bonito, sin embargo el centro de interpretación de Antoñana está cerrado. Consiste en vagones ferroviarios que sólo se abren el fin de semana. Al llegar a Murieta se acaba la vía y tengo que tomar un sendero muy bacheado y embarrado. Pronto llego a la carretera y antes de entrar a Estella empiezo a ascender diez kilómetros hasta Ibiriku de Yerri, donde me esperan Ofelia y su familia. Una hora sudando la camiseta. 

Ofelia es una de las señoras que mueven la bicicleta en la zona y ha formado un grupo de aguerridas chicas que lo pedalean todo o casi. El resto de la familia no se queda atrás, empezando por el chico que compite en carretera.


El primer paisano que me encuentro al llegar es el marido de Ofelia, así que lo tengo fácil para encontrar la casa. Magnífica. Compartimos una cena familiar navarro-mexicana para chuparse los dedos y me voy a la cama después de recuperar las calorías perdidas y algunas más. Estamos en lo más alto de un pueblo de montaña. Las vistas son espectaculares y el aire puro y fresco. Ayuda a dormir y es lo que mejor se me da, así que aprovecho agradecido por la grandiosa hospitalidad y el cariño que me brinda esta familia amante de la bicicleta. Hubiese estado encantado de quedarme unos días.

jueves, 23 de mayo de 2013

Aprendiendo de los veteranos

Miércoles y no madrugaré. Descanso en Vitoria al resto de charlas de la Semana de la Bicicleta. La de hoy la da Chencho Rojo: 90 países visitados en quince años, 182,000 kms. Me hace sentir muy pequeñito. Poca gente ha visto lo que han visto sus ojos. La charla es en Euzkera pero, entre las fotos y los apuntes de Arturo, consigo disfrutarla. Chencho no es divertido ni encantador, ni tan guapo como Esti. No hace falta. Simplemente es imponente. Casi no me atrevo a respirar mientras narra en voz baja y pausadamente un resumen muy resumido de sus andanzas. ¿Cómo sintetizar quince años de aventuras encima de una bicicleta en una hora? Afortunadamente tiene un blog. Lamentablemente sólo en euzkera; Chencho es profesor de euzkera y no sería muy coherente escribirlo en otra lengua. Algún día saldrá un libro en varios idiomas. Y si Chencho fuese gringo tendría su propia serie de documentales, pero ya se sabe: en España se silencia a los grandes hombres, no sea que a alguien le de por imitarlo y deje de ver telebasura y dejarse la mitad del sueldo en moverse en coche. Yo no lo voy a imitar, desde luego; me sobran años y me faltan cojones, pero estos putos críos que hacen cola en el Mac-auto, para copiar patéticamente el sueño (del sector cateto) americano, ya podrían tomar nota y mover un poco el culo fuera de sus coches. A la pregunta de por cuánto sale un viaje de éstos, Esti contestó que había que elegir entre cambiar de coche o invertir ese dinero en hacer un viaje...


Esperemos que el reducto vitoriano resista y sigan gastando alforja, aunque se caguen en todo cuando una tropa de niños descalzos a la entrada de un poblado se les acerque gritando REAL MADRID, REAL MADRID, como me cuenta mi amigo Arturo, que se fue a China en bici y algo entiende de esto. Puto fútbol.
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miércoles, 22 de mayo de 2013

De vuelta en Vitoria

Martes y toca despedirse muy a mi pesar. Ha llovido y soy optimista pensando que saldrá el sol, pero en cuanto arranco empieza a llover. Es soportable. Llego a Eskoriatza y pincho de alante. Reparo sin problemas con un parche autoadhesivo. Intento sacar la boquilla de la bomba del aire con los dientes y me astillo un colmillo. Hay que ser inútil. Por fin arranco y veo que hay dos opciones: la carretera nueva y la vieja. Escojo la vieja que parece más tranquila, pero que pronto empieza a empinarse y así hasta arriba, aunque tengo la oportunidad un pueblo muy bonito y bien conservado.

Ante mi sorpresa, cuando llego arriba no hay descenso, sino que he llegado a la meseta y ya mantendré la altura salvo un ligero descenso. Puedo ir por carretera, por la orilla del Ulibarri o por la Vasco-Navarra. Opto por la última solución porque no la conozco, consiguiendo una buena cantidad de barro y mierda de vaca y oveja, además de tener que salvar unas obras del ferrocarril. Llego a Vitoria (Siberia-Gasteiz) con el frío en los huesos y llamo a Arturo sólo para saludarle, ya que sé que está de viaje. Le cuento que voy a Estella (en realidad una hora más lejos de Estella) y me dice que a dónde voy con la que está cayendo, que eso está muy lejos. Que me espere que el llegará por la noche y que hay unas charlas de la Semana de la Bicicleta muy majas. Hago caso de Arturo, que sabe más que yo de estas cosas, así que me dirijo al centor cívico donde darán las charlas y descubro que Haritz es uno de los ponentes. Haritz es uno de los actuales pilares de ConBici y está una temporada en esta ciudad trabajando en una biciescuela para escolares, así que le llamo y me voy a su casa para asearme y bajar juntos a la charla que darán Esti y Mikel, sobre su viaje a Mongolia.



¡Qué buena decisión he tomado! Esta charla ha sido, primero, encantadora a cargo de Esti, y luego divertida, en manos de Mikel. Finalmente pasan un vídeo con las “tomas falsas” de su viaje: juramentos, rabietas y situaciones cómicas. Después de un día bajo la lluvia este es un gran colofón,salvo que me da pena que se la haya perdido Arturo. Estoy descubriendo que Vitoria es tierra de grandes cicloturistas, quizá porque aquí hace un frío que pela y los vitorianos anden buscando mejor clima. El caso es que salgo encantado de haber podido conocer las aventuras de estos dos trotamundos y me despido de Haritz, camino de la casa de Arturo, ya que pude recoger las llaves de manos de su madre antes de ir a la charla.

Por fin llega Arturo. Nos abrazamos y charlamos sólo un poco que mañana el madruga. A Arturo lo conocí cuando estuvo en mi casa en Huesca, dando la vuelta a España junto al catalán Artur. Ese día nos ayudaron mucho en nuestra performance bicis+tren, en la plaza de Navarra. Por la noche, las maravillosas gentes de María Auxiliadora nos invitaron a patatas en su carpa, siendo muy bien atendidos por las propias mairalesas. Inolvidable. Arturo ha resultado ser un gran apoyo en este viaje dado que he podido descansar en su casa varios días, tanto a la ida como a la vuelta, y su compañía me ha reconfortado mucho.

martes, 21 de mayo de 2013

Pedaleando por Euzkadi

Lunes nos levantamos tarde. Estamos reventados después de un fin de semana tan intenso. Aún así hay que seguir camino, pero dado la orografía y el alto tráfico de la zona, lo mejor es salir de Bilbao en tren. Renfe no me permite montar la bici en sus trenes. Me sorprende mucho que los bilbainos consientan esa situación. El Euskotren es otra historia y puedo tomar rumbo Este, acercándome a casa. Casi sin tiempo para despedirme de Mikel, embarco en un tren que dejo en Ermua. Pregunto a unos paisanos por la carretera de Bergara y me miran sorprendidos: “¡Pero eso está en otra provincia!” Una vez que me he aseguran que no hay puesto fronterizo y que no necesito pasaporte para pasar de Vizcaya a Guipuzcoa me dirijo por una cuesta abajo que me lleva a toda marcha hasta el cruce de la carretera de Bergara. Una vez en Soriluce/Placencia de las Armas puedo tomar una vía verde de desigual trazado, pero que me lleva lejos del tráfico y junto a un río con una frondosa ribera. Siguiendo las instrucciones de Mikel (de Aretxabaleta), continuo por la vía verde hasta que me doy cuenta de que ya tendría que haber llegado a mi destino. El caso es que he seguido una nueva vía verde que se inauguró hace dos días y tengo que volver a tomar la antigua, por lo que tengo que hacer catorce kilómetros de más mientras llueve y anochece.



Por fin, en casa de Mikel y Laura, miembros de Warmshower, me esperan pacientemente para cenar. Son una pareja fenomenal, encantadora, que han recorrido muchos kilómetros por Latinoamérica y el Europa del Este, como quien no quiere la cosa. Empiezo a darme cuenta que los vascos, además de su faceta deportiva y su fama de alpinistas (y robasetas) también son unos cicloturistas de categoría. ¡Qué envidia! En Huesca me dicen que estoy chalao por viajar en bici y sin embargo estoy conociendo gente en el Norte que hace un viaje de tres meses como el que va a comprar el pan.
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adjetivo: leafy

domingo, 19 de mayo de 2013

Día de resaca

El domingo volvemos al Pueblo Asturies, ya que es un museo etnográfico muy interesante, donde está representado el modo de vida de los asturianos desde hace siglos. Por supuesto, hay un museo de la gaita, donde podemos encontrar una gaita de boto aragonesa. Dos ciclistas ataviados con el traje típico de asturiana nos amenizan la visita con sus irónicos comentarios.


Al acabar la visita damos cuenta de los restos de la fiesta anterior y ya empezamos a despedirnos los que todavía quedamos en Gijón. Mikel se ofrece a llevarme hasta Vizcaya y, aunque no era mi objetivo, decido que no está mal ir volviendo y hacer el Camino desde cero, sin tantas distracciones.

Llegamos a Urduliz casi a las doce y nos despedimos hasta el día siguiente después de un largo día lleno de acontecimientos y emociones.

sábado, 18 de mayo de 2013

El día de La Crixixona

El sábado amanece lloviendo y opto por marchar al Botánico con los pucelanos, en lugar de hacer la vuelta programada. El Botánico de Gijón es una gozada por variedad y exuberancia, además aquí no nos mojamos ya que hay donde guarecerse cuando la lluvia aprieta. Al salir nos encontramos con los que vuelven de la excursión y regresamos unos cincuenta juntos al pabellón, donde comeremos improvisadamente en el patio del colegio.
El Botánico de Gijón es una maravilla
Por fin llega la esperada hora de la Criticona/Crixixona. A pesar de la lluvia nos reunimos unos trescientos a pedalear por las calles mojadas de Gijón. Al principio, un par de patrullas intentan cortarnos el paso y hacen un poco de ruido con las sirenas y derrapando rueda. El resto de municipales se limitan a observarnos y grabarnos. Se nota que no les gusta que les hagan trabajar sábado por la tarde. Por lo demás todo transcurre tranquilamente y la lluvia no es obstáculo para nuestra marcha.

Juntándonos para la Crixixona
Nuestro recorrido finaliza en el Pueblo Asturies, donde nos espera una fiesta a base de sidra, empanada y música en vivo. Toda una gozada. A la una de la madrugada a dormir, que somos gente formal.

La fiesta

viernes, 17 de mayo de 2013

Despedida de María y Piet


El viernes es un buen día para ir a comer a un mesón de Barcia, donde nuestro motero es agasajado por el personal en un alemán muy correcto, gracias a la presencia de emigrantes retornados. Comemos de maravilla la fabada de rigor, invitados por el cumpleañero. Danke.

Piet y María en Luarca
Un paseo por Luarca es un estupendo colofón para mi visita, marchando con algo de tristeza por separarme de María y familia, con la que tan a gusto me he encontrado.
A media tarde cojo la bici hasta el apeadero de Tablizo para coger el Feve y llegarme hasta Gijón para participar en la Criticona. Poco acostumbrado a recoger viajeros, el maquinista llegó demasiado rápido y se pasó de largo la parada, retrocediendo entre la nube de humo blanco causada por los frenos. Pensaba que el tren iría abarrotado de ciclistas camino de la Criticona, pero sólo estaba mi bici... Luego nos extrañamos de que supriman servicios. 
Vamos llegando al pabellón de un colegio, donde dormiremos el fin de semana. Feliz reencuentro de viejos amigos. Nos vamos a los chigres consignados y nos terminamos juntando más de cien ciclistas a tomar sidra y empanada en una plaza del casco viejo. Después de unas cuantas sidras nos volvemos al pabellón a dormir.

jueves, 16 de mayo de 2013

De celebración con el Niño de Düsseldorf

Miércoles pinta mal, así que quieto en la mata, poniendo al día mi correo, que desborda actividad.

Jueves bajamos a Trevías a hacer compras y tomar algo en la parroquia. A primera hora de la tarde llega un invitado en moto, mojado y helado, se trata de un alemán residente en Sevilla. Muy salao. Cenamos unas pizzas hechas integramente por María, que demuestra tener mucho arte en la cocina. 



Al día siguiente, será el cumpleaños de Piet, el motero alemán, así que nos pide que esperemos a la medianoche para empezar a celebrarlo. Para ser una fiesta improvisada resulta de lo más divertida, en parte gracias a la guitarra de Piet y las velas de María. Después de bebernos parte de las reservas de la casa nos vamos a dormir muy satisfechos.




martes, 14 de mayo de 2013

De Gijón a San Feliz por los montes

Martes me preparo para salir con destino a San Feliz. Cuando ya estoy listo cierro la puerta de la casa y un segundo después me doy cuenta de que me he dejado el casco dentro. No tengo llaves así que me toca ir a buscar las llaves de Raffa, que trabaja a diez quilómetros. En estos momentos me gustaría tener línea directa con la entrepierna de los que aprobaron la ley de obligatoriedad del casco.

Cudillero
Así que pierdo más de una hora por mi torpeza y decido coger el Feve hasta el precioso pueblo de Cudillero. No me resisto a bajar al pueblo desde la estación, aunque luego me toque volver a subir por una cuesta que se atraganta a cualquiera. Por fin arriba lo que peor llevo es el viento, así que en cuanto puedo abandono la costa y me adentro por un tranquilo y frondoso valle que sube bastante tendido hasta que de repente se ensancha la carretera y comienzo el verdadero ascenso a un puerto. La distracción del paisaje me ayuda a subir las rampas. Una vez en la cima me paro a abrigarme y disfrutar de las vistas. Tras un escalofriante descenso vuelvo a subir otro pequeño puerto, así llego a Brieves y sigo el GPS hasta un sendero que está medio destruido por las lluvias. Es una rampa bastante difícil y aunque sólo resta un quilómetro opto por retroceder y subir por la carretera, con el resultado de que hago una vuelta de ocho kms para entrar por Trevías y me encuentro con una rampa del demonio que me cuesta unos veinte minutos de subida empujando la bici. Llueve y ya es de noche cuando llego a la puerta de María, cuya familia me acogerá cálidamente durante los próximos días.
Me está vigilando la bici

lunes, 13 de mayo de 2013

Disfrutando de las nuevas amistades

Lunes vienen a Gijón Adriana y Jesús, así que damos un paseo aprovechando el buen tiempo, de chigre en chigre, por supuesto. Luego, engañamos a Adriana para que suba al Muselín y lo consigue a pesar de las cuestas y de que es novata con la bici. Unos cuantos insultos y juramentos después estamos comiendo en la terraza de Raffa con vistas al puerto. Neska, la perrita, goza con la presencia de Adri, de la que no se separa mientras come. 

Se nos va el día tan alegremente que no nos damos cuenta. Parecemos bohemios con lycra. Abrazos, besos y despedida.

domingo, 12 de mayo de 2013

Me uno a una excursión de Asturies-ConBici


El sábado llega antes de lo deseado y madrugo para reunirme con Luisma de Langreo, con el que me iré a La Caridad para unirnos a una excursión de Asturies-ConBici. He tardado más en subir la cuesta del barrio de Raffa que el tiempo que he pasado en la cama, pero las ganas de aventura me pueden. 


En la Playa de las Catedrales nos juntamos todos los domingueros y empezaremos nuestra tourneé por estos parajes tan guapos. Ribadeo, Castropol, Vegadeo,... Xixonman a la cabeza, explicándonos todo lo que vamos viendo con una pincelada de humor muy bien recibida por la parroquia.

Cetárea

Nos juntamos veintiocho y cenamos estupendamente todos juntos en el restaurante junto al hostal en el que hacemos noche, con algunas divertidísimas anécdotas que me no relataré, porque lo que pasa en Asturies se queda en Asturies.


Domingo. La resaca flotando en el aire pero muchas ganas de pedalear. Después de un paseo por los montes, el palacio del curioso jardinero, llegamos a una sidrería cerca de la playa y nos avituallamos de sidra para acompañar nuestros bocatas. Me junto con dos avileses muy majos y damos cuenta de nuestro avituallamiento. 

Puente de los Santos
Después, café en el Nautico de Ribadeo y despedida de esta fantistica gente con la que he pasado un fin de semana inolvidable. Vuelta a Gijón.



sábado, 11 de mayo de 2013

De Llanes a Gijón

Viernes y arranco hacia Gijón dando mis primeras pedaladas por la senda costera. Pronto me do cuenta de que lo bonito no compensa el tiempo que pierdo entre cuestas, revueltas y mal firme. Me permito el lujo de visitar unos bufones que no bufan porque la marea está demasiado baja, esto en Llames de Pría; me pierdo la playa de Gulpiyuri por desconocimiento: ahora ya tengo otra excusa para visitar Asturias. También me pierdo otras muchas playas y fabadas así que tendré que volver a Asturias Oriental y dedicarle en exclusiva el tiempo que se merece.


Una sucesión de pintorescos pueblos, subidas y bajadas me llevan por fin a la playa de Gijón, después de ciento cinco kilómetros no demasiado cómodos... Un paisano me hace la foto de rigor y se interesa educadamente por mis andanzas. Llamo a Raffa y quedamos en el Molinón. Cargamos la bici en su coche y vamos a su casa, situada en la otra punta de Gijón, por encima del puerto del Musel. Muchas malditas cuestas que más tarde tendré que afrontar a golpe de pedal. Otros quince kilómetros de propina que vienen muy bien para quemar la cerveza extra.

Por la noche asistimos a una reunión con la gente que está organizando los actos que se celebrarán con motivo de la Criticona/Crixixona. Después y como mandan los cánones, a visitar los chigres... a tomar unas cervezas. Aunque parezca mentira, algunos asturianos prefieren la cerveza a la sidra.
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Asturias
sustantivo: Asturias

viernes, 10 de mayo de 2013

De Reinosa a Llanes en tren

Jueves y sigue lloviendo. No problemo. Bici+tren hasta Torrelavega, donde llueve más todavía. 

Una moza, muy majica ella, pierde el tren embelesada por la conversación que mantengo con otro cicloturista del lugar. No pasa nada. Hay un tren cada media hora. El billete está subvencionado y cuesta la mitad que en Aragón. Además, una campaña gubernamental me invita a meter mi bici al tren. Como en Huesca pero al contrario.



El paisaje es sobrecogedor. El verde envuelve el tren. Las montañas que nos rodean me hacen ver que ha sido mejor tomar el tren que atreverme a cruzarlas con este tiempo frío y húmedo.

En Torrelavega llueve y busco un bar donde comer casero. Lo encuentro a costa de mojar con la lluvia mis vaqueros. Los dueños del bar son muy amables y me guardan las alforjas en un lugar seguro, además de calentarme el estómago con un potaje y una carne guisada más que decente por un módico precio. Se nota que ya estoy en el Norte.

Torrelavega tiene un tráfico asqueroso pero pronto descubro como evitarlo, así que retorno a la estación tranquilamente y tomo el Feve hasta Llanes, donde me espera Noemí, una cántabra exiliada en Asturias. Un poquito mojado me alegro de encontrarme con Noemí y ser beneficiario de su hospitalidad y compañía. Una chica de las que te pone las pilas, lo que me vendrá muy bien para afrontar los 115 kms del día siguiente. 

jueves, 9 de mayo de 2013

De Trespaderne a Reinosa pasando junto al lago Ness

Miércoles, llueve y pies para qué os quiero. El del hostal me dice que adónde voy con esta lluvia y le respondo qué hago yo aquí todo el día. Arranco y para de llover. Me encuentro con dos maños que vienen de barro hasta arriba. Por madrugar. Ellos van buscando los caminos, lo que explica el alto grado de embarramiento. 

Sigo mi camino, evitando el que ellos traían y poco a poco, llego al fantasmagórico paraje que anuncia el embalse del Ebro: nieblas que se apresuran a cruzar delante de mis ruedas, prados escarpados y caballos. Caballos robustos y tenaces creados para soportar en esta inhóspita tierra. Me parece que me he ahorrado el viaje a Escocia. 

Todo parece cerrado hasta que llegue el verano, así que me encamino a Reinosa, en donde me recomiendan primero ir a Cáritas y luego un hostal encantador a la par que algo destartalado. Elijo lo segundo porque no me quiero malacostumbrar. Sólo me tienen en cuenta lo de encantador a la hora de pagar.  

martes, 7 de mayo de 2013

De Vitoria a Trespaderne


Salinas de Añanas

Lunes, colada, compra y comida en casa de Arturo. Relax.

Martes, arranco siguiendo el Ebro aguas arriba. Una parada en las salinas de Añana, donde se extrae la sal en terrazas. Corzos y carreteras solitarias, acompañado siempre de un río. Un rodeo para visitar la espectacular Frías. Un tramo del camino del Ebro que se convierte en fangoso sendero bajo un manto vegetal. Parajes que hacen merecer la pena soportar la cansina lluvia.

Frías
Llego a Trespaderne donde el responsable del albergue me explica que no puedo dormir allí porque hay goteras y están en obras, así que me envía a un hostal cuyas habitaciones apestan a tabaco, pero donde puedo guardar la bici en una bajera. Estoy tan cansado que no tengo ganas ni de bajar al bar a tomar una cerveza, así que me ducho y me estiro en la cama con la ventana abierta para ventilar la habitación. No hay vistas al Ebro, sino a un patio mugriento. Tengo la sensación de que me han dado la peor habitación. Después de matar un par de mosquitos y revisar mis emails y la ruta del día siguiente me quedo durmiendo hasta las siete de la mañana, cuando el típico subnormal se dedica a vocearle a su compañero de trabajo o de lo que sea de una punta al otro del pasillo. Me dan ganas de salir y darle cuatro ostias, pero luego me llaman mala personal. Empezamos bien.


domingo, 5 de mayo de 2013

Disfrutando del paisaje alavés
















Domingo de resaca. Julio y yo nos vamos al pantano de Ulibarri. 42 kms de perímetro por sendas ciclables y playas de césped. Merecida siesta y picnic con la llegada de Carmen desde Logroño, que viene al rescate de Julio. Total 82 kms a pedal en todo el día. Maravilloso. Obligatorio.













sábado, 4 de mayo de 2013

De Logroño a Vitoria

Sábado. Me encamino a Vitoria, tomando la carretera de Meano a Santa Cruz de Campezo, descendiendo por una carretera espectacular que atraviesa un frondoso bosque con curvas de buen asfalto. Tomo la vía verde de la Vasco-Navarra en un parque entre Antoñana y Santa Cruz. Empiezo a subir por una senda junto al río que pasa por Estella, bien sombreado por la exuberante vegetación. En Antoñana han instalado dos vagones de tren a modo de centro de interpretación de la vía verde. No paro a verlo porque voy justito para llegar a la asamblea de ConBici, así que sigo y llego hasta Maeztu, donde el túnel derrumbado me impide seguir por la vía verde, así que tengo dos opciones: subir por la cantera o seguir las indicaciones de la ruta de Iturrieta. Elijo la segunda porque no me hace pasar por la cantera y que me salga un vigilante con una escopeta, como me paso una vez. Craso error, la opción correcta era subir por la carretera de Vitoria, pero yo tomo el camino más largo y sinuoso siguiendo la señalización de Vías Verdes. Subo un pequeño puerto y me adentro por un desvío que me lleva por un camino de tierra bien compactado. Es una ruta BTT con unas cuestas que me hacen echar el pie a tierra y empujar la bici con las alforjas; las bajadas tampoco ayudan pues son muy pronunciadas y ponen aprueba los frenos y mi habilidad para controlar las largas derrapadas de la rueda trasera. Me viene justo para tomar las cerradas curvas. Afortunadamente, la senda está muy bien compactada y las alforjas sufren poco salvo en los vados de los arroyos que cruza el sendero. Me consuelo levantando la rueda delantera en los vados y disfrutando de las espectaculares vistas del valle y la cantera. Cuando llego a la cima, encuentro un ciclista descansando que me aconseja que baje la cuesta andando porque está muy empinada. Ya he empujado mucho la bici así que me arriesgo y llego abajo sin novedad, después de unas cuantas derrapadas. Me espera un bonito embalse y la continuación de la vía verde. El colega que me encontré en la cumbre me acompaña hasta Vitoria y me indica cómo llegar al Palacio de Congresos. Llego media hora tarde a la asamblea, lo que es normal en mí, aunque estoy contento porque el descenso me ha llevado menos tiempo de lo que yo pensaba.



En la asamblea empiezo a encontrarme a amigos y conocidos, lo que me anima bastante después de 85 kms bastante duros. Justo después de mi llegada aparecen Arturo y Cristina, con los que me quedaré a pasar el fin de semana. Julio, el logroñés que me acogió en su casa se quedará conmigo en casa de Arturo, donde dormimos como podemos, debido al overbooking provocado por la llegada de asamblearios.

viernes, 3 de mayo de 2013

Logroño


El viernes acompaño a Julio a pasear la perra y me doy cuenta que he pinchado la rueda delantera. Nos ponemos a reparar en su terraza y al final termino tuneando la bici con piezas que tiene Julio, que es un fanático de las bicis y tiene de todo. Nos dan las cinco, ya no me voy. Comemos a toda prisa y vamos al taller de autoreparación de Logroño en Bici. Ayudo a un mozo a ajustar los cambios de su bici eléctrica y a una moza a poner una cubierta nueva. De ahí a la bicicrítica, con la que damos unas vueltas por Logroño y cambiamos impresiones con otros ciclistas. Encuentro gente curiosa, en especial un joven en chandal, con pinta de jubilado, que nos dice que la bici está bien pero es para gente que está en forma, que el no la ve como medio de transporte, que el no se mete en política... Hoy en día es políticamente incorrecto meterse en política; mensaje que curiosamente no se molestan en combatir los propios políticos: así hay menos gente para repartirse la tarta.

Los más valientes nos vamos a tapear hasta que nos cierran los bares, que mañana hay que madrugar.

jueves, 2 de mayo de 2013

Una vuelta por Asturias

Previsto salir el sábado, sin embargo, la lluvia y la visita de dos jóvenes cicloturistas rusos, Nicolai y Daria, me hacen aplazar mi salida al miércoles. Sigue lloviendo, así que hago un bici+tren y me planto en casa de mi hermana y su marido en Zaragoza.

Jueves amenaza lluvia pero salgo con un molesto cierzo que me lleva a ponerme tapones para que el aire frío no me provoque una infección de oído y de paso deje de matarme la cabeza. En Pedrola me llama a gritos un señor con perro. Me pregunta si soy peregrino y le contesto que todavía no lo sé puesto que primero voy a Vitoria a la asamblea de ConBici. Luego ya veremos si hago el Camino del Norte. Me invita a su casa y me cuenta que ha hecho el Camino doce veces desde diferentes puntos. Me enseña su bici y me da algunos consejos. Me regala unos tapones para soportar los ronquidos en los hospitales de peregrinos y me desea buen camino, prometiéndome rezar por mí. Me hará falta visto como está el mercao.

Alcanzo el vado del Jalón y me resulta imposible de pasar pues baja el río con más de un metro y con mucha rasmia, así que busco una alternativa que no encuentro. Al final sólo me resta pasar por un húmedo y estrecho pasadizo bajo el canal y cruzar por el acueducto con cierto riesgo de caída al vacío o de darme un baño. Cuando alcanzo leo un vetusto cartel de prohibido el paso. A buenas horas y que os den por tener las cosas sin señalizar y tan mal arregladas, ya que parece ser que no han repuesto la barandilla que había antaño y que daba mucha seguridad al pasar.

Llego a Cortes, algo mojado por la ligera lluvia, pero helado por el cierzo. Me lo pienso y hago un bici+tren hasta Logroño, donde me esperan mis queridos amigos Julio y Carmen. He llegado justo cuando se disolvía una concentración frente al ayuntamiento, donde se debate la moción sobre el casco. Ganamos. Me encuentro con Laura y me tomo unos vinos de la tierra para entrar en calor. Por fin llega Julio y nos recogemos en su casa. Generosamente, su perra me deja dormir en su sofá. Todavía tengo pelos de la perra en mi ropa, recuerdo de unos buenos días en Logroño. La ciudad es muy maja para ir en bici por la ribera del Ebro. El centro es otro cantar, pero también se puede.


Logroño


El viernes acompaño a Julio a pasear la perra y me doy cuenta que he pinchado la rueda delantera. Nos ponemos a reparar en su terraza y al final termino tuneando la bici con piezas que tiene Julio, que es un fanático de las bicis y tiene de todo. Nos dan las cinco, ya no me voy. Comemos a toda prisa y vamos al taller de autoreparación de Logroño en Bici. Ayudo a un mozo a ajustar los cambios de su bici eléctrica y a una moza a poner una cubierta nueva. De ahí a la bicicrítica, con la que damos unas vueltas por Logroño y cambiamos impresiones con otros ciclistas. Encuentro gente curiosa, en especial un joven en chandal, con pinta de jubilado, que nos dice que la bici está bien pero es para gente que está en forma, que el no la ve como medio de transporte, que el no se mete en política... Hoy en día es políticamente incorrecto meterse en política; mensaje que curiosamente no se molestan en combatir los propios políticos: así hay menos gente para repartirse la tarta. Los más valientes nos vamos a tapear hasta que nos cierran los bares, que mañana hay que madrugar.


De Logroño a Vitoria

Sábado. Me encamino a Vitoria, tomando la carretera de Meano a Santa Cruz de Campezo, descendiendo por una carretera espectacular que atraviesa un frondoso bosque con curvas de buen asfalto. Tomo la vía verde de la Vasco-Navarra en un parque entre Antoñana y Santa Cruz. Empiezo a subir por una senda junto al río que pasa por Estella, bien sombreado por la exuberante vegetación. En Antoñana han instalado dos vagones de tren a modo de centro de interpretación de la vía verde. No paro a verlo porque voy justito para llegar a la asamblea de ConBici, así que sigo y llego hasta Maeztu, donde el túnel derrumbado me impide seguir por la vía verde, así que tengo dos opciones: subir por la cantera o seguir las indicaciones de la ruta de Iturrieta. Elijo la segunda porque no me hace pasar por la cantera y que me salga un vigilante con una escopeta, como me paso una vez. Craso error, la opción correcta era subir por la carretera de Vitoria, pero yo tomo el camino más largo y sinuoso siguiendo la señalización de Vías Verdes. Subo un pequeño puerto y me adentro por un desvío que me lleva por un camino de tierra bien compactado. Es una ruta BTT con unas cuestas que me hacen echar el pie a tierra y empujar la bici con las alforjas; las bajadas tampoco ayudan pues son muy pronunciadas y ponen aprueba los frenos y mi habilidad para controlar las largas derrapadas de la rueda trasera. Me viene justo para tomar las cerradas curvas. Afortunadamente, la senda está muy bien compactada y las alforjas sufren poco salvo en los vados de los arroyos que cruza el sendero. Me consuelo levantando la rueda delantera en los vados y disfrutando de las espectaculares vistas del valle y la cantera. Cuando llego a la cima, encuentro un ciclista descansando que me aconseja que baje la cuesta andando porque está muy empinada. Ya he empujado mucho la bici así que me arriesgo y llego abajo sin novedad, después de unas cuantas derrapadas. Me espera un bonito embalse y la continuación de la vía verde. El colega que me encontré en la cumbre me acompaña hasta Vitoria y me indica cómo llegar al Palacio de Congresos. Llego media hora tarde a la asamblea, lo que es normal en mí, aunque estoy contento porque el descenso me ha llevado menos tiempo de lo que yo pensaba.


En la asamblea empiezo a encontrarme a amigos y conocidos, lo que me anima bastante después de 85 kms bastante duros. Justo después de mi llegada aparecen Arturo y Cristina, con los que me quedaré a pasar el fin de semana. Julio, el logroñés que me acogió en su casa se quedará conmigo en casa de Arturo, donde dormimos como podemos, debido al overbooking provocado por la llegada de asamblearios.


Disfrutando del paisaje alavés



Domingo de resaca. Julio y yo nos vamos al pantano de Ulibarri. 42 kms de perímetro por sendas ciclables y playas de césped. Merecida siesta y picnic con la llegada de Carmen desde Logroño, que viene al rescate de Julio. Total 82 kms a pedal en todo el día. Maravilloso. Obligatorio.



   


De Vitoria a Trespaderne

Salinas de Añanas

En la asamblea empiezo a encontrarme a amigos y conocidos, lo que me anima bastante después de 85 kms bastante duros. Justo después de mi llegada aparecen Arturo y Cristina, con los que me quedaré a pasar el fin de semana. Julio, el logroñés que me acogió en su casa se quedará conmigo en casa de Arturo, donde dormimos como podemos, debido al overbooking provocado por la llegada de asamblearios.

Frías

Llego a Trespaderne donde el responsable del albergue me explica que no puedo dormir allí porque hay goteras y están en obras, así que me envía a un hostal cuyas habitaciones apestan a tabaco, pero donde puedo guardar la bici en una bajera. Estoy tan cansado que no tengo ganas ni de bajar al bar a tomar una cerveza, así que me ducho y me estiro en la cama con la ventana abierta para ventilar la habitación. No hay vistas al Ebro, sino a un patio mugriento. Tengo la sensación de que me han dado la peor habitación. Después de matar un par de mosquitos y revisar mis emails y la ruta del día siguiente me quedo durmiendo hasta las siete de la mañana, cuando el típico subnormal se dedica a vocearle a su compañero de trabajo o de lo que sea de una punta al otro del pasillo. Me dan ganas de salir y darle cuatro ostias, pero luego me llaman mala personal. Empezamos bien.


De Trespaderne a Reinosa pasando junto al lago Ness

Miércoles, llueve y pies para qué os quiero. El del hostal me dice que adónde voy con esta lluvia y le respondo qué hago yo aquí todo el día. Arranco y para de llover. Me encuentro con dos maños que vienen de barro hasta arriba. Por madrugar. Ellos van buscando los caminos, lo que explica el alto grado de embarramiento. 

Sigo mi camino, evitando el que ellos traían y poco a poco, llego al fantasmagórico paraje que anuncia el embalse del Ebro: nieblas que se apresuran a cruzar delante de mis ruedas, prados escarpados y caballos. Caballos robustos y tenaces creados para soportar en esta inhóspita tierra. Me parece que me he ahorrado el viaje a Escocia. 

Todo parece cerrado hasta que llegue el verano, así que me encamino a Reinosa, en donde me recomiendan primero ir a Cáritas y luego un hostal encantador a la par que algo destartalado. Elijo lo segundo porque no me quiero malacostumbrar. Sólo me tienen en cuenta lo de encantador a la hora de pagar.  

De Reinosa a Llanes en tren

Jueves y sigue lloviendo. No problemo. Bici+tren hasta Torrelavega, donde llueve más todavía. 

Una moza, muy majica ella, pierde el tren embelesada por la conversación que mantengo con otro cicloturista del lugar. No pasa nada. Hay un tren cada media hora. El billete está subvencionado y cuesta la mitad que en Aragón. Además, una campaña gubernamental me invita a meter mi bici al tren. Como en Huesca pero al contrario.


El paisaje es sobrecogedor. El verde envuelve el tren. Las montañas que nos rodean me hacen ver que ha sido mejor tomar el tren que atreverme a cruzarlas con este tiempo frío y húmedo.

En Torrelavega llueve y busco un bar donde comer casero. Lo encuentro a costa de mojar con la lluvia mis vaqueros. Los dueños del bar son muy amables y me guardan las alforjas en un lugar seguro, además de calentarme el estómago con un potaje y una carne guisada más que decente por un módico precio. Se nota que ya estoy en el Norte.

Torrelavega tiene un tráfico asqueroso pero pronto descubro como evitarlo, así que retorno a la estación tranquilamente y tomo el Feve hasta Llanes, donde me espera Noemí, una cántabra exiliada en Asturias. Un poquito mojado me alegro de encontrarme con Noemí y ser beneficiario de su hospitalidad y compañía. Una chica de las que te pone las pilas, lo que me vendrá muy bien para afrontar los 115 kms del día siguiente. 


De Llanes a Gijón

Viernes y arranco hacia Gijón dando mis primeras pedaladas por la senda costera. Pronto me do cuenta de que lo bonito no compensa el tiempo que pierdo entre cuestas, revueltas y mal firme. Me permito el lujo de visitar unos bufones que no bufan porque la marea está demasiado baja, esto en Llames de Pría; me pierdo la playa de Gulpiyuri por desconocimiento: ahora ya tengo otra excusa para visitar Asturias. También me pierdo otras muchas playas y fabadas así que tendré que volver a Asturias Oriental y dedicarle en exclusiva el tiempo que se merece.


Una sucesión de pintorescos pueblos, subidas y bajadas me llevan por fin a la playa de Gijón, después de ciento cinco kilómetros no demasiado cómodos... Un paisano me hace la foto de rigor y se interesa educadamente por mis andanzas. Llamo a Raffa y quedamos en el Molinón. Cargamos la bici en su coche y vamos a su casa, situada en la otra punta de Gijón, por encima del puerto del Musel. Muchas malditas cuestas que más tarde tendré que afrontar a golpe de pedal. Otros quince kilómetros de propina que vienen muy bien para quemar la cerveza extra.

Por la noche asistimos a una reunión con la gente que está organizando los actos que se celebrarán con motivo de la Criticona/Crixixona. Después y como mandan los cánones, a visitar los chigres... a tomar unas cervezas. Aunque parezca mentira, algunos asturianos prefieren la cerveza a la sidra.


Me uno a una excursión de Asturies-ConBici



El sábado llega antes de lo deseado y madrugo para reunirme con Luisma de Langreo, con el que me iré a La Caridad para unirnos a una excursión de Asturies-ConBici. He tardado más en subir la cuesta del barrio de Raffa que el tiempo que he pasado en la cama, pero las ganas de aventura me pueden. 


En la Playa de las Catedrales nos juntamos todos los domingueros y empezaremos nuestra tourneé por estos parajes tan guapos. Ribadeo, Castropol, Vegadeo,... Xixonman a la cabeza, explicándonos todo lo que vamos viendo con una pincelada de humor muy bien recibida por la parroquia.

Cetárea

Nos juntamos veintiocho y cenamos estupendamente todos juntos en el restaurante junto al hostal en el que hacemos noche, con algunas divertidísimas anécdotas que me no relataré, porque lo que pasa en Asturies se queda en Asturies.


Domingo. La resaca flotando en el aire pero muchas ganas de pedalear. Después de un paseo por los montes, el palacio del curioso jardinero, llegamos a una sidrería cerca de la playa y nos avituallamos de sidra para acompañar nuestros bocatas. Me junto con dos avileses muy majos y damos cuenta de nuestro avituallamiento. 

Puente de los Santos

Después, café en el Nautico de Ribadeo y despedida de esta fantistica gente con la que he pasado un fin de semana inolvidable. Vuelta a Gijón.




Disfrutando de las nuevas amistades

Lunes vienen a Gijón Adriana y Jesús, así que damos un paseo aprovechando el buen tiempo, de chigre en chigre, por supuesto. Luego, engañamos a Adriana para que suba al Muselín y lo consigue a pesar de las cuestas y de que es novata con la bici. Unos cuantos insultos y juramentos después estamos comiendo en la terraza de Raffa con vistas al puerto. Neska, la perrita, goza con la presencia de Adri, de la que no se separa mientras come. 


Se nos va el día tan alegremente que no nos damos cuenta. Parecemos bohemios con lycra. Abrazos, besos y despedida.


De Gijón a San Feliz por los montes

Martes me preparo para salir con destino a San Feliz. Cuando ya estoy listo cierro la puerta de la casa y un segundo después me doy cuenta de que me he dejado el casco dentro. No tengo llaves así que me toca ir a buscar las llaves de Raffa, que trabaja a diez quilómetros. En estos momentos me gustaría tener línea directa con la entrepierna de los que aprobaron la ley de obligatoriedad del casco.

Cudillero

Así que pierdo más de una hora por mi torpeza y decido coger el Feve hasta el precioso pueblo de Cudillero. No me resisto a bajar al pueblo desde la estación, aunque luego me toque volver a subir por una cuesta que se atraganta a cualquiera. Por fin arriba lo que peor llevo es el viento, así que en cuanto puedo abandono la costa y me adentro por un tranquilo y frondoso valle que sube bastante tendido hasta que de repente se ensancha la carretera y comienzo el verdadero ascenso a un puerto. La distracción del paisaje me ayuda a subir las rampas. Una vez en la cima me paro a abrigarme y disfrutar de las vistas. Tras un escalofriante descenso vuelvo a subir otro pequeño puerto, así llego a Brieves y sigo el GPS hasta un sendero que está medio destruido por las lluvias. Es una rampa bastante difícil y aunque sólo resta un quilómetro opto por retroceder y subir por la carretera, con el resultado de que hago una vuelta de ocho kms para entrar por Trevías y me encuentro con una rampa del demonio que me cuesta unos veinte minutos de subida empujando la bici. Llueve y ya es de noche cuando llego a la puerta de María, cuya familia me acogerá cálidamente durante los próximos días.

Me está vigilando la bici


De celebración con el Niño de Düsseldorf

Miércoles pinta mal, así que quieto en la mata, poniendo al día mi correo, que desborda actividad.

Jueves bajamos a Trevías a hacer compras y tomar algo en la parroquia. A primera hora de la tarde llega un invitado en moto, mojado y helado, se trata de un alemán residente en Sevilla. Muy salao. Cenamos unas pizzas hechas integramente por María, que demuestra tener mucho arte en la cocina. 



Al día siguiente, será el cumpleaños de Piet, el motero alemán, así que nos pide que esperemos a la medianoche para empezar a celebrarlo. Para ser una fiesta improvisada resulta de lo más divertida, en parte gracias a la guitarra de Piet y las velas de María. Después de bebernos parte de las reservas de la casa nos vamos a dormir muy satisfechos.



Despedida de María y Piet


El viernes es un buen día para ir a comer a un mesón de Barcia, donde nuestro motero es agasajado por el personal en un alemán muy correcto, gracias a la presencia de emigrantes retornados. Comemos de maravilla la fabada de rigor, invitados por el cumpleañero. Danke.

Piet y María en Luarca

Un paseo por Luarca es un estupendo colofón para mi visita, marchando con algo de tristeza por separarme de María y familia, con la que tan a gusto me he encontrado.


A media tarde cojo la bici hasta el apeadero de Tablizo para coger el Feve y llegarme hasta Gijón para participar en la Criticona. Poco acostumbrado a recoger viajeros, el maquinista llegó demasiado rápido y se pasó de largo la parada, retrocediendo entre la nube de humo blanco causada por los frenos. Pensaba que el tren iría abarrotado de ciclistas camino de la Criticona, pero sólo estaba mi bici... Luego nos extrañamos de que supriman servicios. 

Vamos llegando al pabellón de un colegio, donde dormiremos el fin de semana. Feliz reencuentro de viejos amigos. Nos vamos a los chigres consignados y nos terminamos juntando más de cien ciclistas a tomar sidra y empanada en una plaza del casco viejo. Después de unas cuantas sidras nos volvemos al pabellón a dormir.


El día de La Crixixona

El sábado amanece lloviendo y opto por marchar al Botánico con los pucelanos, en lugar de hacer la vuelta programada. El Botánico de Gijón es una gozada por variedad y exuberancia, además aquí no nos mojamos ya que hay donde guarecerse cuando la lluvia aprieta. Al salir nos encontramos con los que vuelven de la excursión y regresamos unos cincuenta juntos al pabellón, donde comeremos improvisadamente en el patio del colegio.

El Botánico de Gijón es una maravilla

Por fin llega la esperada hora de la Criticona/Crixixona. A pesar de la lluvia nos reunimos unos trescientos a pedalear por las calles mojadas de Gijón. Al principio, un par de patrullas intentan cortarnos el paso y hacen un poco de ruido con las sirenas y derrapando rueda. El resto de municipales se limitan a observarnos y grabarnos. Se nota que no les gusta que les hagan trabajar sábado por la tarde. Por lo demás todo transcurre tranquilamente y la lluvia no es obstáculo para nuestra marcha.

Juntándonos para la Crixixona

Nuestro recorrido finaliza en el Pueblo Asturies, donde nos espera una fiesta a base de sidra, empanada y música en vivo. Toda una gozada. A la una de la madrugada a dormir, que somos gente formal.



Día de resaca

El domingo volvemos al Pueblo Asturies, ya que es un museo etnográfico muy interesante, donde está representado el modo de vida de los asturianos desde hace siglos. Por supuesto, hay un museo de la gaita, donde podemos encontrar una gaita de boto aragonesa. Dos ciclistas ataviados con el traje típico de asturiana nos amenizan la visita con sus irónicos comentarios.


Al acabar la visita damos cuenta de los restos de la fiesta anterior y ya empezamos a despedirnos los que todavía quedamos en Gijón. Mikel se ofrece a llevarme hasta Vizcaya y, aunque no era mi objetivo, decido que no está mal ir volviendo y hacer el Camino desde cero, sin tantas distracciones.

Llegamos a Urduliz casi a las doce y nos despedimos hasta el día siguiente después de un largo día lleno de acontecimientos y emociones.


Pedaleando por Euzkadi

Lunes nos levantamos tarde. Estamos reventados después de un fin de semana tan intenso. Aún así hay que seguir camino, pero dado la orografía y el alto tráfico de la zona, lo mejor es salir de Bilbao en tren. Renfe no me permite montar la bici en sus trenes. Me sorprende mucho que los bilbainos consientan esa situación. El Euskotren es otra historia y puedo tomar rumbo Este, acercándome a casa. Casi sin tiempo para despedirme de Mikel, embarco en un tren que dejo en Ermua. Pregunto a unos paisanos por la carretera de Bergara y me miran sorprendidos: “¡Pero eso está en otra provincia!” Una vez que me he aseguran que no hay puesto fronterizo y que no necesito pasaporte para pasar de Vizcaya a Guipuzcoa me dirijo por una cuesta abajo que me lleva a toda marcha hasta el cruce de la carretera de Bergara. Una vez en Soriluce/Placencia de las Armas puedo tomar una vía verde de desigual trazado, pero que me lleva lejos del tráfico y junto a un río con una frondosa ribera. Siguiendo las instrucciones de Mikel (de Aretxabaleta), continuo por la vía verde hasta que me doy cuenta de que ya tendría que haber llegado a mi destino. El caso es que he seguido una nueva vía verde que se inauguró hace dos días y tengo que volver a tomar la antigua, por lo que tengo que hacer catorce kilómetros de más mientras llueve y anochece.


Por fin, en casa de Mikel y Laura, miembros de Warmshower, me esperan pacientemente para cenar. Son una pareja fenomenal, encantadora, que han recorrido muchos kilómetros por Latinoamérica y el Europa del Este, como quien no quiere la cosa. Empiezo a darme cuenta que los vascos, además de su faceta deportiva y su fama de alpinistas (y robasetas) también son unos cicloturistas de categoría. ¡Qué envidia! En Huesca me dicen que estoy chalao por viajar en bici y sin embargo estoy conociendo gente en el Norte que hace un viaje de tres meses como el que va a comprar el pan.



De vuelta en Vitoria

Martes y toca despedirse muy a mi pesar. Ha llovido y soy optimista pensando que saldrá el sol, pero en cuanto arranco empieza a llover. Es soportable. Llego a Eskoriatza y pincho de alante. Reparo sin problemas con un parche autoadhesivo. Intento sacar la boquilla de la bomba del aire con los dientes y me astillo un colmillo. Hay que ser inútil. Por fin arranco y veo que hay dos opciones: la carretera nueva y la vieja. Escojo la vieja que parece más tranquila, pero que pronto empieza a empinarse y así hasta arriba, aunque tengo la oportunidad un pueblo muy bonito y bien conservado.

Ante mi sorpresa, cuando llego arriba no hay descenso, sino que he llegado a la meseta y ya mantendré la altura salvo un ligero descenso. Puedo ir por carretera, por la orilla del Ulibarri o por la Vasco-Navarra. Opto por la última solución porque no la conozco, consiguiendo una buena cantidad de barro y mierda de vaca y oveja, además de tener que salvar unas obras del ferrocarril. Llego a Vitoria (Siberia-Gasteiz) con el frío en los huesos y llamo a Arturo sólo para saludarle, ya que sé que está de viaje. Le cuento que voy a Estella (en realidad una hora más lejos de Estella) y me dice que a dónde voy con la que está cayendo, que eso está muy lejos. Que me espere que el llegará por la noche y que hay unas charlas de la Semana de la Bicicleta muy majas. Hago caso de Arturo, que sabe más que yo de estas cosas, así que me dirijo al centor cívico donde darán las charlas y descubro que Haritz es uno de los ponentes. Haritz es uno de los actuales pilares de ConBici y está una temporada en esta ciudad trabajando en una biciescuela para escolares, así que le llamo y me voy a su casa para asearme y bajar juntos a la charla que darán Esti y Mikel, sobre su viaje a Mongolia.



¡Qué buena decisión he tomado! Esta charla ha sido, primero, encantadora a cargo de Esti, y luego divertida, en manos de Mikel. Finalmente pasan un vídeo con las “tomas falsas” de su viaje: juramentos, rabietas y situaciones cómicas. Después de un día bajo la lluvia este es un gran colofón,salvo que me da pena que se la haya perdido Arturo. Estoy descubriendo que Vitoria es tierra de grandes cicloturistas, quizá porque aquí hace un frío que pela y los vitorianos anden buscando mejor clima. El caso es que salgo encantado de haber podido conocer las aventuras de estos dos trotamundos y me despido de Haritz, camino de la casa de Arturo, ya que pude recoger las llaves de manos de su madre antes de ir a la charla.

Por fin llega Arturo. Nos abrazamos y charlamos sólo un poco que mañana el madruga. A Arturo lo conocí cuando estuvo en mi casa en Huesca, dando la vuelta a España junto al catalán Artur. Ese día nos ayudaron mucho en nuestra performance bicis+tren, en la plaza de Navarra. Por la noche, las maravillosas gentes de María Auxiliadora nos invitaron a patatas en su carpa, siendo muy bien atendidos por las propias mairalesas. Inolvidable. Arturo ha resultado ser un gran apoyo en este viaje dado que he podido descansar en su casa varios días, tanto a la ida como a la vuelta, y su compañía me ha reconfortado mucho.



Aprendiendo de los veteranos

Miércoles y no madrugaré. Descanso en Vitoria al resto de charlas de la Semana de la Bicicleta. La de hoy la da Chencho Rojo: 90 países visitados en quince años, 182,000 kms. Me hace sentir muy pequeñito. Poca gente ha visto lo que han visto sus ojos. La charla es en Euzkera pero, entre las fotos y los apuntes de Arturo, consigo disfrutarla. Chencho no es divertido ni encantador, ni tan guapo como Esti. No hace falta. Simplemente es imponente. Casi no me atrevo a respirar mientras narra en voz baja y pausadamente un resumen muy resumido de sus andanzas. ¿Cómo sintetizar quince años de aventuras encima de una bicicleta en una hora? Afortunadamente tiene un blog. Lamentablemente sólo en euzkera; Chencho es profesor de euzkera y no sería muy coherente escribirlo en otra lengua. Algún día saldrá un libro en varios idiomas. Y si Chencho fuese gringo tendría su propia serie de documentales, pero ya se sabe: en España se silencia a los grandes hombres, no sea que a alguien le de por imitarlo y deje de ver telebasura y dejarse la mitad del sueldo en moverse en coche. Yo no lo voy a imitar, desde luego; me sobran años y me faltan cojones, pero estos putos críos que hacen cola en el Mac-auto, para copiar patéticamente el sueño (del sector cateto) americano, ya podrían tomar nota y mover un poco el culo fuera de sus coches. A la pregunta de por cuánto sale un viaje de éstos, Esti contestó que había que elegir entre cambiar de coche o invertir ese dinero en hacer un viaje...


Esperemos que el reducto vitoriano resista y sigan gastando alforja, aunque se caguen en todo cuando una tropa de niños descalzos a la entrada de un poblado se les acerque gritando REAL MADRID, REAL MADRID, como me cuenta mi amigo Arturo, que se fue a China en bici y algo entiende de esto. Puto fútbol.


Caluroso recibimiento en casa de Ofelia

Después de pasar tres días en Vitoria descansando y asistiendo a charlas, entre ellas la de Haritz, por fin tomo la Vasco-Navarra y me dirijo a Estella. Empieza a llover y tengo que abandonar la vía verde ya que hay un túnel bajo los escombros, pero en cuanto empiezo a subir el puerto de Azazeta deja de llover y el buen tiempo me acompañará el resto del día. En la misma curva hay dos memoriales a motoristas fallecidos. La curva no parece muy mala pero nunca se sabe lo que puede pasar.



En Maestu vuelvo a conectar la vía verde después de bajar durante un rato largo. Es un recorrido bonito, sin embargo el centro de interpretación de Antoñana está cerrado. Consiste en vagones ferroviarios que sólo se abren el fin de semana. Al llegar a Murieta se acaba la vía y tengo que tomar un sendero muy bacheado y embarrado. Pronto llego a la carretera y antes de entrar a Estella empiezo a ascender diez kilómetros hasta Ibiriku de Yerri, donde me esperan Ofelia y su familia. Una hora sudando la camiseta. 

Ofelia es una de las señoras que mueven la bicicleta en la zona y ha formado un grupo de aguerridas chicas que lo pedalean todo o casi. El resto de la familia no se queda atrás, empezando por el chico que compite en carretera.


El primer paisano que me encuentro al llegar es el marido de Ofelia, así que lo tengo fácil para encontrar la casa. Magnífica. Compartimos una cena familiar navarro-mexicana para chuparse los dedos y me voy a la cama después de recuperar las calorías perdidas y algunas más. Estamos en lo más alto de un pueblo de montaña. Las vistas son espectaculares y el aire puro y fresco. Ayuda a dormir y es lo que mejor se me da, así que aprovecho agradecido por la grandiosa hospitalidad y el cariño que me brinda esta familia amante de la bicicleta. Hubiese estado encantado de quedarme unos días.



Bajando a la Ribera

Los diez últimos kilómetros de ayer ya no me hacen sudar tanto. Ahora bajo a Estella como una exhalación. Cruzo el pueblo y tomo una carretera general nada agradable, salvo que el viento me ayuda un poquito y que la pendiente baja hacia el Ebro, por lo que llevo un ritmo muy bueno. Cuando me aproximo al Ebro el viento sopla a favor como nunca lo había hecho durante este viaje, así que voy tan sobrado de tiempo que en Adrián decido tomar el Camino Natural del Ebro: a los diez minutos estoy harto de tanta piedra y meneo de alforjas, pero aguanto hasta pasado Azagra, donde están festejando al estilo Feria de Abril de Sevilla, llenando de volantes y topos el merendero del barquero. Como no me invitan a panceta sigo camino y me meto a la carretera salvando un imposible ¿Camino? Natural del Ebro, más bien pensado para motos de enduro. Por fin llego al puente de Rincón de Soto y como estoy cerca de Corella y soy masoca me meto por un canal sin asfaltar hasta las puertas de Corella. No sé que tiene el agua que me atrae tanto, aunque no tanto como la sidra asturiana. El caso es que pedaleo más a gusto junto a un curso de agua que por una carretera con tráfico. Si los enlatados vieran los restos de accidentes que se ven en la cuneta no correrían tanto; desde la bici se ve todo con más detalle...

A la entrada de Corella hay una laguna, así que doy un poco de rodeo para verla, llegando por fin a casa de Toño y Cris. Hay suerte y hay un super donde puedo aprovisionarme de cervezas para un rato, aunque la nevera de Toño está bien surtida con diferentes clases: así se hace. Toño me lleva de visita express por Corella, que es un pueblo muy avanzado en materia ciclista. Después a casa.

En la casa no soy el único invitado, también hay familia y una kaliforniana (sí, con K, como en la peli, porque daba un poco de miedo). Toño y yo intercambiamos camisetas y degustamos unas cuantas cervezas con el resto de la parroquia. ¡Cómo pasa el tiempo cuando se está con gente tan interesante!



Subida al Moncayo


Domingo y tenemos un gran plan familiar: Toño, su hermano, la americana y yo nos vamos a Vozmediano con la furgo cargada de bicis. Allí visitamos el impresionante nacimiento del río Queiles y luego subimos al Moncayo en bici, donde nos esperan para almorzar la santa de Toño, las peques y la inglesa. Al final hicimos un bici+furgo en los últimos kilómetros para que no se nos hiciera tarde. El día es perfecto y tenemos unas vistas impresionantes de los Pirineos. 

Mientras almorzamos nos va cubriendo un frente nuboso y amenaza tormenta. Justo cuando vamos a emprender la bajada empieza a llover. No hay problema, estamos preparados, pero la americana no quiere bajar por el frío: a ella lo que le gusta es subir como una fiera. Al final bajamos Toño y yo en un descenso vertiginoso y espectacular. Da gusto verle adelantarme antes de las curvas y tumbar la bici en mojado. Yo lo adelanto en las rectas largas por peso y lo dejo que me adelante en las curvas sólo para verle pasar. Tardamos media hora en llegar a Vozmediano y a mí me hubiese gustado poder bajar otra media hora, porque ha sido una gozada bajar en mojado adelantando enlatados.

Avistando el Pilar



Lunes no pinta muy bien y no sé si hacer un bici+tren o arriesgarme. Al final me arriesgo como casi siempre. Hemos venido a pedalear. He acertado porque el Bocal, donde nace el Canal Imperial es una preciosidad, así que paso cerca de una hora disfrutando de ese entorno.

El Canal Imperial está siendo arreglado con una capa de gravilla en la que se hunden mis ruedas, pero se va rodando hasta que empieza el viento en contra. Viento en contra a la ida y a la vuelta; no hay derecho. En Gallur estoy harto y me salgo a la carretera y conectando con el CN del Ebro. Tiene muchas vueltas pero es más bonito y el viento se hace más llevadero.


Desde que salí de Ribaforada me persigue una tormenta con sus relámpagos, a pesar del viento en contra, así que en Alagón me meto en la destartalada estación y en menos de un minuto empieza a caer una intensa lluvia. Esta vez me he librado y pronto llegará el tren a Zaragoza. Justo cuando subo al tren para de llover pero estoy cansado y me alegro de poder llegar pronto. Una vez me explicó un transportista maño que sus chóferes se ponían enfermos cuando perdían de vista el Pilar. A mí me ocurre algo parecido: cuando percibo su cercanía me entra una ansiedad que sólo se calma cuando la avisto.




¡A casa!

De Zaragoza a Huesca es un poco rollo, pero así hago la gracia completa, de modo que me pongo en marcha y pronto el viento empieza a molestar, desde que salgo de Villanueva. Tentación de tomar el tren.

Sigo hasta Zuera y me da tiempo a coger el tren pero decido seguir a pesar de que amenaza lluvia. Por una vez, las predicciones son acertadas y justo a la hora y el lugar empieza a llover ligeramente, pero ¡ay,ay,ay!, empieza a granizar y siento como perdigonadas en los muslos. Pupa. Menos mal que hay un puente y me refugio unos minutos junto a unos moteros.

Por fin para y además tengo viento ligeramente a favor así que ruedo con alegría hasta casa. ¡Qué bien! Y el poto sigue vivo.

Este viaje no ha estado muy programado y el objetivo de llegar a Santiago no lo he cumplido, pero me ha salido redondo y he disfrutado mucho tanto con la ruta como con la gente. El próximo viaje lo haré con etapas más cortas, me pararé a hacer más fotos y a hablar con los paisanos. Me cansaré menos y disfrutaré más de los sitios por los que pase.