jueves, 31 de octubre de 2013

2400 kms à vélo - Semana V - De Le Fleix a Huesca

Día del Pilar. Después de desayunar con mis acogedores anfitriones, sigo mi camino hacia casa. Gracias, Bernadette y Colin por compartir vuestro precioso rincón del mundo conmigo.

Me dejo caer entre la niebla hasta que atravieso una calle de corte medieval que desemboca en un río de aguas negras. La bruma lo envuelve todo, convirtiendo el paisaje en algo fantasmagórico.


Después de un rato en la niebla salgo del valle y me vuelvo a encaramar a las suaves colinas hasta llegar a Eymet. Esta villa es bonita de verdad y pulcra. Sus calles forman una cuadrícula, lo que indica que poco queda de la original Eymet, pero han sabido preservar el gusto por lo antiguo. Tiene una buena plaza rodeada de porches y una gran fuente en el centro. 


Llueve mucho y estoy cansado de subir colinas, así que acampo temprano en un campo de fútbol. A medianoche me despierta un concierto de música debido, probablemente, a las fiestas del pueblo. La música es buena pero la cantante es atroz. Deben de estar todos borrachos. De otro modo no entiendo que le aplaudan.


Domingo. Unas simpáticas ovejas me despiertan con sus merodeos alrededor de la tienda. Como pienso que son animales de dos patas que me quieren birlar la bici me levanto ipso facto dispuesto a todo. Afortunadamente no llega la sangre al río.


Llego al valle del Lot y me encuentro otro bonito pueblo: Casseneuil. Es muy bonito, pero a estas alturas del viaje ya estoy saturado de pueblos bonitos, así que sigo mi ruta hasta Villeneuve-sur-Lot, donde me esperan Florian y Léa. Esta encantadora muchacha me recibe entre fogones: ella es cocinera y quiere demostrar sus habilidades; así que una vez más, mis anfitriones me deleitan con una estupenda cena. En la casa hay un gatito negro al que han bautizado con el nombre de Nokia, porque es irrompible. Es decir, que sale sano y salvo de todos los líos en los que se mete.



Lunes. Desayunamos unos croissants que ha traido Florian y me despido de esta simpática pareja. Muchas gracias, chicos.

Doy un paseo por la parte antigua de la ciudad y encuentro una recoleta plaza rodeada de arcos. Los coches tienen que entrar a través de los arcos y estropean la bonita foto. Me llego hasta un puente y me detengo a hacer unas fotos de las riberas, ocasión que aprovechan los curiosos para preguntarme de dónde vengo. Todos me dicen lo mismo: À vélo? Cuando se convencen de que he llegado en bici, me dicen: Courageuse. Me hace gracia que a todos los curiosos de esta región se les ocurra decir lo mismo, aunque no me extraña porque, la verdad, en los departamentos del interior es raro ver un ciclista, aunque me han dicho que hay algo de afición al BTT.

Por recomendación de Florian subo una empinada cuesta para ver un pequeño llamado Pujols. Parece antiguo, pero en realidad está todo restaurado. Y no hay tráfico, ni gente, sólo algún turista.

Hasta Agen hay un paseo. Lo primero que llama mi atención justo antes de entrar a la ciudad es su hermosos cementerio con varias parcelas dedicadas a los militares, muchos de ellos procedentes de las colonias francesas. Doy una pequeña vuelta por la ciudad y me aposento junto al canal de la Garonne, por el que se puede llegar casi hasta Burdeos y Toulouse, donde se conecta con el Canal de Midi, por lo que en la práctica se puede cruzar Francia de costa a costa usando estos canales.


Después de dar un paseo por el canal me presento en el domicilio de Angélique. Esa noche tenemos una divertida cena con ella, su hijo y dos amigos de su hijo. ¡Gracias por la velada!


Martes. Me despido afectuosamente de Angélique con promesas de reencontrarnos. 

Mi siguiente parada es Condom, donde hay una interesante estatua dedicada a los mosqueteros de Dumas. La relación de d'Artagnan con Condom viene dada porque éste nació en Lupiac, una aldea cercana. La biblioteca está situada en un antiguo palacio, donde me puedo conectar a la wifi. Mientras navego empiezan a aparecer gendarmes vestidos de gala. Por lo visto hay algún sarao que a mí no me interesa nada, así que recojo y me busco un área de picnic para cenar.


Justo donde ceno empieza una vía verde, por lo que la tomo y tras unos kilómetros acampo en un campo de girasoles.


Miércoles. Ha llovido y un ratón y una legión de arañas se refugian bajo el toldo de mi tienda. Cuando abro la cremallera el ratón desaparece de un salto, pero las arañas las tengo que sacudir de una en una. No me gustan mucho pero las respeto porque atrapan los mosquitos.

Continúo por la vía verde y pronto me doy cuenta de que se desvía hacia el norte, por lo que me salgo en la primera oportunidad. Después de subir una cuesta brutal de unos 300 metros, llego a un bonito pueblo, donde han recuperado un viejo taller de automóviles para que conserve su aspecto de los años 60. Asímismo, el depósito de agua ha sido decorado y se puede acceder a su parte superior, donde han puesto unas sillas y una mesa. Muy majo. 

Sigo por una estrecha y solitaria carretera y veo otro pueblo que me llama la atención porque la torre de la iglesia está separada unos metros de ésta, formando parte del cementerio.

Esa noche acampo en un viñedo muy bien cuidado, por lo que es ideal para plantar la tienda y está muy resguardado.


Jueves. Un día lleno de cuestas bastante fuertes. En una de ellos alcanzo la velocidad máxima del viaje: 70 km/hora. Lo increíble es que no se me vuela la gorra, por lo que tengo que intentar batir el récord sin gorra (en circuito cerrado, por supuesto). Finalmente llego a Artix y voy a casa de Karine. Es una chica muy agradable y hospitalaria. Muchas gracias, Karine.

Viernes.  Me acerco a Oloron, atravesando por un valle muy tranquilo. Me presento en casa de Stephanie y Pierre, que me han invitado previamente. Esta simpática familia me invita a comer y después de charlar un rato parto. Muchas gracias y hasta la próxima.

Hago una rápida visita de cumplido a Elisabeth en Oloron y sigo la marcha. Me encuentro con un simpático vaquero en bicicleta, que me narra entre risas una vez que estuvo en Huesca por las fiestas de San Lorenzo. 



Mientras ceno asisto impresionado al espectáculo del sol poniéndose y la luna llena saliendo al mismo tiempo, por lo que en ningún momento necesito luz artificial, ya que el valle está completamente iluminado.


Sábado. Hoy toca subir el Somport, 16 kms. de subida constante y 1126 metros de desnivel, así que desayuno fuerte, compro comida y subo hasta Urdos sin forzar la marcha. Hace un poco de viento en contra. En Urdos almuerzo en un picnic y el viento ya es muy molesto. Voy subiendo el puerto muy tranquilo pero sin problema, hasta que llego a los dos últimos kilómetros donde el viento casi me tumba. Afortunadamente no hay tráfico, salvo alguna que otro turista, así que puedo circular por medio de la calzada para evitar salirme empujado por las ráfagas de viento. Al final, llego a la cumbre y me paro a estirar los músculos, muy feliz de haber superado este puerto. Me abrigo para la bajada y desciendo a velocidad moderada para no tener problemas con el viento.

Una vez en Canfranc liquido la comida que me queda y me subo al canfranero para llegar a casita, feliz de poder dormir en mi cama, pero pensando ya en mi próximo viaje: Burdeos-Narbona. ¿Te apuntas?

miércoles, 30 de octubre de 2013

2400 kms à vélo - Semana IV - De Angles-Sur-l'Anglin a Le Fleix

Sábado, 5 de octubre. Me despierta un estruendo de motores. Se trata de un rally de coches clásicos. Doy un último vistazo al pueblo y dirijo Saint-Savin, donde hay una basílica Patrimonio de la Humanidad, aunque no es ni la mitad que la Pilarica. Afortunadamente, hay otras cosas interesantes en el pueblo.


Pronto llego a Chauvigny, que presume de tener cinco castillos en el mismo risco, unos en mejor estado que otros, pero que le dan mucho encanto a la villa.


Entre una visita y otra se me va el día, así que hago un picnic junto al río y busco un sitio para acampar. Le pregunto a un abuelo y me invita a plantar la tienda en su jardín. Por la noche, me impresiona la presencia iluminada de la central nuclear de Civaux, a pocos kilómetros.

Domingo. Me despido del señor que me albergó y paso por delante de la central. Es la tercera que me encuentro en mi viaje, pero no había pasado tan cerca de ninguna.


En Civaux hay un cementerio carolingio, que está en servicio desde el siglo V. Los primitivos sarcófagos siguen allí, aunque sólo se ven unos pocos. El resto sigue enterrado y se estima que hay entre 7.000 y 15.000. Una parte del cementerio es más moderna pero hay otra sin tocar. La cerca del cementario está formada por tapas de sarcófago, lo que da una idea de la cantidad que hay.



Sigo hasta Lussac-les-Châteaux, que me decepciona porque no veo ningún castillo. Sin embargo, cuando sigo mi camino me encuentro hasta cuatro castillos repartidos entre viñedos. Finalmente llego a La Chapelle-Bâton, donde planto la tienda en casa de Mark y Marie-Laure. Mark cambio su apartamento en Inglaterra por un caserón en la campiña francesa. Marie-Laure es una francesa encantadora. Cenamos juntos y Mark me deleita con un plátano helado al chocolate. Gracias, pareja por vuestra hospitalidad.

Lunes. Mark me acompaña con su bici y visitamos dos pueblos cercanos que son de los más bonitos de la zona. La bici de Mark es recostada y lleva una banderita para hacerse ver. El flaneo de esta banderita provoca un ruido que aterrioriza a los caballos, así que por donde pasa provoca estampidas. 

En Charroux hay una torre que pertenece a las ruinas de una antigua abadía. Está un poco inclinada y está vacía por dentro, seguramente debido a un incendio.


Se ha hecho de noche cuando llego a Angulema. Me reciben Javier y Marion, una joven pareja que enseguida me hace sentir como en casa. Ambos son activistas de la bici en una ciudad donde se ven muy pocas bicis. 

Acabada la Guerra Civil española, se estableció en Angulema un campo de concentración para acoger a parte de los exiliados republicanos españoles. El 20 de agosto de 1940 partió desde Angulema un convoy de deportados republicanos españoles a Mauthausen-Gusen donde quedó aproximadamente la mitad de los ocupantes del tren: los hombres y los muchachos mayores de 14 años. Las mujeres y los niños por debajo de esa edad continuaron el viaje, hasta ser entregados finalmente, tras un largo periplo en ferrocarril por Alemania, en la frontera española de Hendaya a la policía franquista. La policía francesa trató reclutar a más españoles, ya que numerosas familias que trabajaban en los alrededores presentándoles esto como un viaje a países "libres". Al volver el tren de Mathausen hacia España con las mujeres y niños se detuvo brevemente en la estación de este mismo Angulema. Los alemanes temían que una mujer tuviese la peste y la bajaron del tren para llevarla al hospital de la calle Beaulieu. Esta señora mejoró rápidamente y contó lo que había ocurrido, de manera que los españoles de Angulema fueron informados, lo que impidió otros convoyes.

Martes. Paso la mañana visitando el plateau, que es como llaman a la parte de la ciudad por encontrarse en una meseta. Es una ciudad vieja y bonita, mientras que la parte moderna, la de abajo es decadente y fea, con industrias abandonadas.

Parece que esta región ha perdido población en estos últimos años y apenas hay inmigrantes, salvo los ingleses que compran casas a precio de saldo y se instalan para pasar su jubilación, con el punto a favor de que los precios son más bajos que en Gran Bretaña y la sanidad es mejor, aparte de la belleza del paisaje y la calma que se respira entre viñedos.

Miércoles. Me despido de mis queridos Javier y Marion (gracias!!) y sigo camino hacia Mensignac. Me pierdo en un cruzo y me meto 14 kms de más por la cara, así que cuando llego a a la aldea de Luc, éste me está esperando en el camino junto a su casa. Es una casa enorme donde vive junto a su padre inglés y su madre holandesa, además de dos perros muy graciosos y unos gatos que te encuentras por todas partes, incluida mi cama.

Cenamos en familia, con una charla muy animada en inglés, francés y español, que casi me cortocircuita las neuronas y a dormir.

Jueves. Luc y yo vamos de excursión a Perigueux. Mientras descendemos por una carretera a 30 km/h., la rueda trasera de Luc se sale de la llanta con un espectacular estallido. Por suerte, su madre acude al rescate con una bici de repuesto y podemos seguir camino, que resulta bastante extresante por la cantidad de tráfico que hay. Cuando nos queda poco para llegar podemos dejar la carretera y nos encontramos con el equipo de rugby de la Gendarmería entrenando. Como para meterse con estos tíos.

Perigueux es una ciudad medieval, con una catedral al estilo de hermosas cúpulas, como la de Angulema, que trata de emular a la basílica de San Marcos, en Venecia. También hay un imponente torre romana, junto a unas importantes excavaciones arqueológicas.

Catedral de Perigueux
Hacemos una rápida visita a Perigueux bajo la lluvia y un picnic en una recoleta plaza. Después nos damos prisa en volver a casa puesto que un frío helador se ha apoderado de la ciudad. En cuento dejamos atrás la influencia del río recobramos el calor. 

Antes de cenar, Luc me presenta el casis para fortalecer cervezas básicas, es decir, casi todas las que bebemos en España. Un buen descubrimiento para darle un poco de aliciente a la cerveza. Otra buena cena familiar y a dormir. Gracias, familia, por vuestra acogida.

Viernes. Llueve a cántaros y tengo que esperar un buen rato a que escampe antes de partir. Aún así, paso casi todo el día bajo la lluvia, aunque no sea el peor día que he tenido. En poco tiempo, los bosques dejan paso a los viñedos de la Dordoña. En esta zona, los vinos tienen denominación de origen Bergerac, que puja por hacerse un sitio con los vinos de Burdeos. Hay tantos ingleses que incluso hay un pueblo con alcalde inglés. Con guasa, algunos llaman al departamento Dordognshire y es que a veces parece Inglaterra por la cantidad de coches con el volante a la derecha que se ven, además que en casi todos los pueblos que paro escucho hablar en inglés.

Llevo todo el día subiendo y bajando colinas bajo la lluvia, así que me alegro un montón de llegar a mi destino: la casa de Bernadette y Colin, dos británicos (Escocia e Isla de Man) que han dado la vuelta al mundo en bicicleta después de jubilarse. Dos años haciendo camping en bici. Colin me muestra con orgullo las fotos del viaje y me explica algunas cosas del viaje. 

Después de poner a secar todas mis ropas me espera una sabrosa cena con tarta de la casa incluida. No es de extrañar que no haya perdido peso en todo el viaje.

martes, 29 de octubre de 2013

2400 kms à vélo - Semana III - De Saint-Michel-Chef-Chef a Angles-Sur-l'Anglin

Sábado, 28 de setiembre. En poco tiempo avisto Saint-Nazaire. Como es una ciudad que ya conozco y que recuerdo muy bien por su impresionante base fortificada de submarinos U-Boat de la SGM. En uno de sus díques se puede ver un antiguo submarino de los años 50, pero es francés ya que los submarinos alemanes lucharon hasta el final, de modo que están todos en el fondo del mar con sus respectivas tripulaciones. Se estima que hundieron unos 4000 barcos durante la batalla del Atlántico. Fueron una verdadera pesadilla para las flotas aliadas y eran conocidos como manada de lobos. Esta base fue imposible de destruir gracias a su cubierta de más de tres metros de hormigón reforzado y fue tan bien defendida que hasta tres días después de la capitulación de Alemania no fue rendida, siendo Saint-Nazaire la última ciudad de Europa en librarse de los nazis.


A partir de aquí, la Eurovelo 1 y 6 comparten la ruta. Al principio es un poco desesperante, porque para evitar un tramo de carretera te hace recorrer una serie de caminos que no terminan de apartarse del puente de Saint-Nazaire, así que durante una hora sigo viendo el puente.

Al final alcanzo el canal que transcurre junto al Loira y aquí voy por una bonita recta pero bajo una lluvia que me obliga a pararme para secarme y cambiarme los calcetines. A pesar de la lluvia veo pasar algunas familias en bici. 

En un pueblo me compro el pain aux raisins más rico de mi vida, lo que me anima a seguir a pesar del mal tiempo. Toda mi vida he rechazado comer esta delicatessen porque no lo había probado y cuando probé el primero pensé en cuántos años de mi vida había perdido con el pain chocolate. Es gracioso que conforme cambio de región cambia la pronunciación y en cada boulangerie tengo problemas para pedir lo que quiero. Los franceses tienen el oído muy fino (por lo menos las panaderas) y cualquier variación en la pronunciación les despista. Otro super dulce que he descubierto es el canelé de Burdeos. Si quieres conquistarme sólo tienes que regalarme canelés y seré tuyo para siempre. Espero que algún pastelero oscense los haga porque va a triunfar.

Por fin me acerco a Nantes, pero una mala señalización me hace volver al mismo sitio, perdiendo más de media hora, lo que me cabrea bastante ya que llevo más de 60 kms, casi siempre bajo la lluvia. Decido pasar de la señalización y pronto alcanzo mi destino, donde me esperan Jacques y Teresa. Con una cena bretona de las que hacen historia.

Domingo. Jacques me acompaña a recorrer la ciudad en bici y descubro que Nantes es la Capital Verde Europea 2013 y, a pesar de que todavía hay obras, la ciudad es un sitio ideal para recorrer en bici. Sin embargo, como me explicó Jacques hubo un tiempo que la ciudad era un asqueroso mar de tubos de escape y hasta tuvieron un alcalde no muy limpio que quiso que una autopista pasará por el centro de la ciudad, confundiendo progreso con tráfico y contaminación. Afortunadamente, el proyecto no prosperó y ahora un parque rememora aquella estupidez con un parque donde han puesto un peaje de madera, en una zona por donde tenía que atravesar la autopista y que para más inri es una zona de alto valor ecológico. Actualmente, la avenida que cruza Nantes de Norte a Sur ha sido transformada, de modo que donde había seis carriles para coches ahora hay sólo dos y el resto se han dedicado a bicis, peatones y tranvía.



Visitamos la Isla, donde se ha invertido mucho dinero en crear un centro de ocio y cultura que ha conseguido aumentar el turismo en un 15%. Puedes recorrer la ciudad guiado por rayas de colores que conforman rutas de interés y hay varias atracciones inspirados en el mundo fantástico de Julio Verne, originario de aquí. Hay un elefante hidráulico en el que los turistas pueden hacer un recorrido por la isla y es una de las principales atracciones de la ciudad, junto con los carruseles fantásticos.


También me sorprende ver un navío de guerra anclado junto a la ciudad y me acuerdo de las dificultades que tienen los barquitos del Ebro para navegar. Nantes está edificada sobre varios ríos a los que les han ido robando terreno a base de canalizarlos y cubrirlos, pero aún así hay grandes cursos de agua por todas partes.
                       

Después de ver una performance consistente en un gigantesco proyecto de jardinería futurista, en donde los actores son realmente científicos, nos dirigimos a ver el impresionante castillo de los Duques de Bretaña y Jacques me explica como eran Bretaña y el reino de Francia antes de unirse el siglo XVI para formar el país actual y cómo el rey de Francia arruinó la industria de la lana bretona para evitar que Bretaña siguiera siendo más poderosa que el reino de Francia, que en aquellos tiempos se limitaba prácticamente a la región de París. Después, Nantes tendría una importante fuente de ingresos en la trata de esclavos: el comercio triángular entre Francia, Africa y Norteamérica. 



La rivalidad por territorios y religión explica la gran cantidad de castillos que hay en el valle del Loira, ya que se trataba de una zona fronteriza. Rodando por estos lares voy descubriendo retazos de la historia de Francia y me fascina la intensidad de sus conflictos por el poder, la religión y las ocupaciones extranjeras (españoles, alemanes e ingleses). Lo mejor es que no tienes que ir a un museo o a una biblioteca para conocer la Historia: una iglesia quemada por los ingleses, un castillo destrozado en las guerras de religión, un fuerte español, infinidad de restos de la ocupación alemana. Debe de ser bastante incómodo ser alemán en este país donde te encuentras todos los días homenajes a los asesinados por la barbarie nazi... 

A pesar de que Nantes fue la capital de Bretaña y es la ciudad más grande de la Bretaña histórica, los bretones dicen que los naturales de Nantes no son bretones, quizá porque no son bretófonos y porque la actual situación administrativa la coloca en la región de Países del Loira. 

Para acabar la visita, Jacques y yo nos fuimos al Jardin de las Plantas, de estilo fantástico, e hicimos un picnic y una visita al parque. Más tarde, Jacques me acompañó al camino junto al Loira donde las caballerizas arrastraban las embarcaciones y allí nos despedimos con un abrazo y el deseo de vernos pronto.

Sigo por la Eurovelo 6 ó La Loire à vélo y encuentro un precioso parque donde acampar.

Lunes. Recogiendo el equipaje entablo conversación con un ciclista francés que se empeña en hablarme en portugués, Cyril. Emprendemos la ruta y conocemos por el camino a un australiano y un matrimonio canadiense que han ideado una idea para llevar sus bicis en el avión: metiéndolas en las maletas.



Cyril y yo comemos de un menú ouvrier y seguimos camino cuando, de repente, Cyril rompe su buje trasero. No es deextrañar ya que lleva una bici vieja del decartón. El se va a buscar un taller mientras yo gestiono mi viaje desde la oficina de turismo. Después de esperarle una hora Cyril no aparece, así que sigo camino. No lo volveré a ver a pesar de llevar la misma ruta.

Por fin llego a Angers a través de un bonito lago, después de subir durante unos kilómetros por el Maine. Angers impresiona desde lejos y más cuando llegas. Es una mediana ciudad pero con mucho encanto. Me alojo en un pequeño piso con Sandra y Benjamin, una simpática pareja joven. Gracias por vuestra compañía.

Martes. Por caminos bonitos pero monótonos llego a las bodegas de Saumur. La carretera está jalonada de pequeñas bodegas que han aprovechado el acantilado donde cavar sus depósitos. Se dice que hay más de mil kilómetros de grutas. Esta tierra ya fue habitada por trogloditas que empezaron a excarvar esas grutas, costumbre que no se ha perdido hoy en día. Saumur tiene un museo de tanques de la SGM y un gran castillo dominando la ciudad.



Miércoles. Hoy desayuno en el Bistroglo, un restaurante excarvado en la roca, junto a una libreria del mismo estilo. Todo el acantilado está perforado durante kilómetros e incluso hay cuevas naturales subterráneas visitables.


Me desvío por Chinon, cuya vista desde el río impresiona bastante, aunque la ciudad es pequeña. Sigo ruta y me encuentro con un gran castillo. No viajo con mapa pero hay tantos sitios que visitar que siempre me encuentro algo.


Llego a Tours y tengo que cruzar toda la ciudad y subir una empinada cuesta, lo que no me hace mucha gracia después de 90 kms. Arnaud me espera en el balcón de su casa. Gracias por tu recibimiento.


Jueves. Lo primero es hacer la colada y paso más de una hora en la lavandería, de donde salgo preparado para aguantar otra semana sin apestar demasiado. 


Como empieza a llover me meto en un bar a desayunar y a leer el periódico, en el que me encuentro un artículo sobre el nuevo tranvía y la historia de la rue Nationale, que es su calle mayor. Esta calle que resulto incendiada por los ataques alemanes tuvo una fuerte polémica durante la guerra porque el Ayuntamiento aprobó ensancharla y desmontar el tranvía para agilizar el tráfico de coches, lo que fue al principio aplaudido por los comerciantes hasta que se dieron cuenta que los automovilistas eran mal negocio: « Il s'agit pour les Tourangeaux d'empêcher ceux qui passent dans le centre de leur ville d'y passer trop vite. La consigne qu'une municipalité soucieuse des intérêts de ses concitoyens devrait donner à ses agents de police routière en ce lieu est, non : " Circulez ! ", mais bien : " Arrêtez ! " Les affolés de vitesse n'ont aucun attrait pour les commerçants et piétons de la rue Nationale. Ils négligent les vitrines de ceux-là et fracassent les tibias de ceux-ci. Tours, ville de tourisme, doit retenir ses visiteurs et non les expulser au plus vite de ses rues. Elle doit favoriser le coup de frein des automobilistes, au lieu d'encourager la pression de leur pied sur l'accélérateur. » Fuente: La Nouvelle République

Al final puedo visitar la ciudad, que tiene una parte antigua muy bonita y una parte moderna bastante gris, si acaso con un toque moderno gracias al vanguardista tranvía. 

Ya por la tarde llego a otro de mis objetivos en este viaje: el castillo de Chenonceau. Extasiado desde el momento en el que avisto el castillo sobre el río, paso un rato largo haciendo fotos y disfrutando del momento. Desde aquí empiezo mi retorno a casa.


Cuando me canso de tanto éxtasis me dirijo a Genillé, donde paso una velada estupenda con Steven y Nico, una pareja británica de lo más encantador y atento. Tienen una casa con un jardín impresionante en medio de los campos, donde se respira una paz inmensa.

Viernes. Es una gozada ver como Steven ha adiestrado a sus perros y pasamos un rato muy divertido charlando y observando a los animales. Muchas gracias, pareja. Encantado de haberos conocido y espero vuestra visita.

Boris vigilando mi bici

Atravesando un solitaria pista forestal de varios kilómetros de largo llego a la pintoresca villa de Loches, la cual me ofrece un buen recorrido turístico. La siguiente parada es La Roche-Posay, una ciudad balneario que no preserva un gran pasado arquitectónico pero que es bonita. Una moderna fuente automática adosada la balneario me permite llenar el bidón con un excelente agua.

Planto la tienda en un área de picnic de Angles-Sur-l'Anglin, que tiene el título de una de las villas más bellas de Francia. 


domingo, 27 de octubre de 2013

2400 kms à vélo - Semana II - De Soulac-sur-Mer a Saint-Michel-Chef-Chef


Sábado, 21 de setiembre. Me levanto y mantengo una breve conversación con un señor que pasea el perro. No se asombra de que venga de España sino de que no haya pasado frío, puesto que la temperatura ha bajado a 10 grados por la noche, lo que me ha venido de perlas para no cocerme de calor con mi saco de dormir invernal. Aún así, son las 9 de la mañana y estamos en camiseta, ya que el sol pega fuerte, lo que aprovecho para secar la lona de mi iglú. Cojo la bolsa de las golosinas y me voy a la playa a desayunar, donde descubro las barreras de retención de arena que forman inmensas piscinas. Lo único que no me gusta es que no se ve el fondo y a saber lo que te puedes encontrar. No me baño porque no hay duchas para lavarme después, así que me conformo con mojarme los pies.

Recojo y emprendo mi camino por la vía verde hacia Point de Grave. Al oeste ya se puede ver el imponente faro de Cordouan



Llego justo a tiempo de coger el barco y soy el único ciclista. Hay un carrilbici que te lleva al punto de embarque. Tengo que esperar a que suban todos los enlatados y me indican un punto donde poner mi bici. Bromean sobre si el peso de mi bici hará volcar el barco. Ato la bici a una tubería y me voy a enchufar el móvil. La travesía es muy tranquila y asombra la anchura del estuario del Gironde, que se alimenta a su vez de otros grandes ríos como el Lot y el Garonne.  


Royan tiene un puerto deportivo pero no parece que sea una ciudad de gran interés, así que me encamino hacia el norte bordeando la costa. El paisaje cambia totalmente: ya no hay grandes playas, sino pequeños acantilados y recónditas playas. Es más bonito que la parte sur del estuario y está todo dominado por la recolección de ostras.

En Marennes conozco a un francés que lleva 30 años recorriendo Francia en bici con su tienda de campaña (¿no hay más países?) Está un poco chalado: ha cruzado la línea entre cicloturista e indigente, así que cada uno sigue su camino aunque ambos vayamos hacia el Norte. 
Le doy un lavado a presión a la bici para sacarle toda la arena que se le ha pegado en los pinares de la Gironde y engraso la bici. ¡Como nueva! 

Cruzo las marismas justo el día que se levanta la veda del pato, así que me encuentro un atardecer con el cielo en llamas, unas marismas plagadas de mosquitos y tiros de escopeta. Es increíble la cantidad de myocastores o ragondin que hay en esta zona. Algunos huyen de mí y otros se quedan a observarme curiosamente. 

Ragondin

Sólo veo una aldea en kilómetros. Las marismas están muy canalizadas, pero por lo demás es una zona muy salvaje. Al fin vuelvo a la civilización y me adentro en una vía verde cuando se hace de noche. Bajo los árboles la oscuridad es tal que mi pequeño faro alumbra de maravilla. Llego a Saint-Agnant y encuentro el campo de fútbol, donde acampo sobre el césped. 


Domingo. Mientras desmonto la tienda van llegando chavales para correr en la pista deportiva. Nadie se interesa por mi intrusión. 

Sigo la Velodisée hacia Rochefort y así llego a un pueblo donde se celebra un mercado. Un puesto que vende ostras me llama la atención y me despierta el apetito, pero necesito algo más contudente, así que busco un super y me compro un taboulé y una birra. Me fijo que hay un gran puente ferroviario sobre el río y veo que pasa gente por encima: es una vía verde; así que le pregunto a un paisano y me indica el camino. Una vez arriba, hago un picnic apoyado en la barandilla, con unas vistas impresionantes. 

Por fin llego a Rochefort y me doy cuenta que la ruta ciclable da un rodeo muy grande, ya que llego por el Este y debería haber llegado por el Sur, por el Transbordador, un ejemplar como el de Getxo.

Transbordador

En Rochefort destaca el Museo de la Marina, donde se puede ver el buque del s. XVIII L'Hermione, que apoyo a los insurgentes yanquis en su lucha por la independencia. Esta ciudad es bastante interesante porque no se parece a ninguna otra que haya visto y además tiene bastantes lugares de interés. Su casco viejo se destaca por estar constituido por una cuadrícula de edificios de piedra clara.


Sigo a La Rochelle, que también es una bonita ciudad. Llego hasta ella por un largo carril bici que transcurre junto al mar y jardines. Por ser fin de semana, la zona del puerto está cortada al tráfico y hay mucha gente paseando y en las terrazas. Hoy necesito una ducha, así que me voy al camping municipal, que es bastante cutre pero me servirá para una noche. El suelo de la parcela es duro, lleno de raices y colillas, así que paso un buen rato preparando el terreno para plantar la tienda. Por lo menos, la recepcionista es muy enrrollada y me da un poco de charla, lo que no está mal cuando viajas en solitario.


Lunes amanece con el estruendo de los camiones y las máquinas que hay en la obra justo detrás de mí, por lo que dormir hasta tarde no es una opción. Me voy al MacDonalds a tomar un café porque tienen wifi y puedo cargar la batería del móvil. Para llegar allí le pregunto a una chica joven que me encuentro cerca del albergue juvenil; dos horas después la chica me pregunta a mí por otra dirección cuando estoy saliendo del MacDonalds: ella no se acordaba de mí a pesar de mi bici y mis pintas, aunque yo de ella me acordaba perfectamente. En poco rato estoy rodeado de estudiantes y otros internautas. Yo busco colegas en WarmShowers para dejar de acampar en solitario. Después de cinco días durmiendo en la tienda empiezo a tener ganas de calor humano y de poder practicar francés. Además quiero cambiar de aires y dejar el circuito turístico y encontrarme con la Francia más auténtica, sin carriles bici ni turistas. Encuentro un sitio en Sainte-Gemme-la-Plaine y me dirijo hacia allí. Llego hasta Luçon, que tiene una bonita catedral y una estatua al cardenal Richelieu, ya que fue titular de este obispado. Desde allí hasta mi destino sólo queda un agradable paseo. 

Antes de presentarme en el domicilio en el que voy a dormir, voy al super a comprar una botella de vino para regalar. Un tío con su hijo me pide 20 cts. que le faltan para poder comprar un paquete de cervezas. Si me lo hubiese pedido para leche para el niño lo hubiese mandado a cascarla, pero como es para cerveza me llega al corazón y le doy el dinero. 

En la casa no me esperan porque no han visto mi mensaje, pero Catherine me invita a entrar muy amablemente y me instala en una bonita habitación. En cuanto llega el resto de la familia nos dedicamos a lo que mejor se puede hacer a esas horas: comer y charlar. Por la puerta de esta casa he pasado muchas veces por trabajo, pero jamás me imaginé que pudiese parar a dormir allí. Me lo pasé muy bien con esta familia y estuve muy a gusto en esa casa. Muchas gracias, Catherine y familia.


Martes amanece como el lunes, con ruido de camiones, ya que están cambiando el asfalto de la carretera. Hoy llegaré hasta Bealieu-Sous-la-Roche, a casa de otra hospitalaria familia. Escojo una ruta de carreteras locales muy bonita, evitando a cercarme a La-Roche-Sur-Yon. Me encuentro con la típica aldea de la campiña francesa, en medio de ninguna parte y rodeado de jardines y tranquilidad. Lo que me sorprendió fue la mala calidad del agua del grifo en un país donde abunda el agua; en cambio, el vino, la cena y la compañía son estupendos. Tras una simpática cena familiar pude disfrutar de una preciosa habitación y coger fuerzas para el día siguiente. Gracias a Yves y Françoise por vuestra fantástica hospitalidad.

Compartiendo tiempo con estas familias francesas aprendo todos los días, no sólo el idioma sino también las costumbres y la gastronomía. Al final, el paisaje pasa a un segundo plano cuando te acostumbras a verlo y la compañía se convierte en lo más importante.


Miércoles. Hoy llego a Machecoul, sede de la antigua Gitane y supuesta cuna de Barba Azul. Me acoge en su casa Antoine, un trabajador de esta fábrica y me sorprendo con la cantidad de bicis de diferentes décadas que alberga en su casa. 



Jueves. En Machecoul me quedo un día más porque han aconsejado visitar Noirmoutier-en-l'Île, que aparte de ser una bonita isla tiene la particularidad de que puedes acceder por una carretera sumergible: el paso de Gois. Hay que esperar a que baje la marea para poder pasar sus cinco kms. Desgradaciadamente, cuando llegué tenía que esperar dos horas, así que me dediqué a recorrer un sendero. Siendo un día muy lluvioso, cuando quise cruzar estaba tan agotado y empapado que decidí volver a Machecoul. Aún así, ese día hice 70 kms. Por lo tanto, esa parte del país tendrá que quedar para otra posterior visita.


Paso de Gois


Viernes. Después de comer, arranco camino de Pornic que es una ciudad bien bonita. Allí me vuelvo a encontrar casualmente con Antoine, que ha ido a visitar a su madre. Una señora encantadora.

Como he arrancado tarde no llego muy lejos y busco un sitio tranquilo para plantar la tienda, cerca de Saint-Michel-Chef-Chef.

viernes, 25 de octubre de 2013

2400 kms à vélo - Semana I - De Huesca a Soulac-sur-Mer

Viernes 13 de setiembre. Hace un mes que no toco la bici, intentando recuperar mis rodillas y darle un respiro a mi trasero. De improviso, me levanto del sofá y empiezo a preparar la bici y el equipo para un pequeño viaje.

Monto en la bici un iglú de 3,5 kgs, un saco de dormir para 4 grados bajo cero y una colchoneta Thermarest, además de algo de ropa. La bici se pone en 35 kgs., sin contar la comida.

El sábado madrugo y me voy a la estación, donde me obligan a hacer la comedia de siempre: desmonta todas las alforjas y bultos para pasar el escáner. Paso todas las alforjas menos la de la comida. Como digo esto es una comedia estúpida destinada a desalentar a los ciclistas más que a la seguridad.
En el tren ya vienen nada menos que cinco maños con BTT que se bajan en Ayerbe. Aún tengo que estar agradecido de que me dejen montar en el tren., pero no entiendo para qué saco el billete si se supone que hay un límite de tres bicis. En fin...

Col de Somport
Casi tres horas de traqueteo después llego a mi destino y me dispongo a subir resignado el puerto de Somport. Un mes sin tocar la bici no te pone muy en forma, así que me cuesta una hora y media subir a la cima. Foto y para abajo. El descenso es vertiginoso y enseguida llego al cruce. Esta es la N134, nombrada por Napoleón III como Ruta Imperial a mediados del siglo XIX, como describe un monolito en la misma frontera. Lo primero que me hace parar es el Fort de Portalet, construido a mediados del siglo XIX mediante el horadamiento de la roca y el desafío de la gravedad.

Port de Portalet

Bedous
Desde el puerto hay 16 kms de descenso, luego empiezo a llanear con tendencia a descender aunque con viento en contra. Por ser sábado casi no hay camiones, pero los pocos que hay adelantan como quieren y me alegro de poder coger una carretera local donde no hay camiones. 

Pronto me encuentro con la primera estela que homenajea a los protagonistas de la Segunda Guerra Mundial. Se podría decir que todos los pueblos tienen un monumento con los nombres de los caídos en la Gran Guerra, a los que se suma los caídos en las siguientes guerras: la SGM, Indochina, Argelia...

Monein

En Argelia murieron 30.000 franceses y se podría decir que fue el Vietnam particular de los franceses. Sorprende que haya pueblos de 500 habitantes con 20 o 30 caídos en la PGM y ninguno o dos o tres en la SGM, lo que muestra la gran matanza que supuso la guerra de trincheras entre el 14 y el 18.

De vez en cuando también encontramos nombres españoles entre los caídos de cualquiera de las guerras.


En cinco horas me pongo en Oloron sin demasiado esfuerzo, salvo el inicial de subir el Somport. Llego a casa de Elisabeth y no hay nadie aunque la puerta está abierta, por lo que cojo un libro que ironiza sobre las nuevas tendencias de los franceses y me siento en la tumbona del jardín. Poco a poco van llegando las chicas, las niñas y la mamá. Compartimos una sabrosa y abundante cena, en la que descubro el queso Comté. Después de probar varios quesos comté encuentro que el más rico, además del más barato es el que vende Lidl y está curado doce meses. El queso es un poco más caro en Francia que en España, sin embargo hay muy buenos vinos por tres euros, ya sean de Burdeos como de otras zonas.

Domingo, 15. Después de un sueño reparador me despido de está simpática familia (gracias por vuestra compañía, chicas). Pongo rumbo a la villa termal de Dax. Hasta Navarrenx todo es fácil. Después de sobrepasar esta bonita villa empiezo a subir colinas que me hacen ponerme y quitarme la chaqueta constantemente, ya que el día está fresco. Por fin en Dax me encuentro con Juan, que me dará cuartelillo en el apartamento que comparte con Bernard. Otra opulenta cena con degustación de diferentes bebidas me provocan una noche de insomnio, justo cuando tengo que afrontar la etapa más larga.

Lunes. Tras un buen desayuno me despido (gracias, chicos). Cruzo Dax, que es bastante más grande que su nombre. Sin ser espectacular es una ciudad bonita, con su río. Nada más coger la carretera de Léon empieza a llover, pero eso no es lo peor, sino los cretinos que me adelantan a un palmo y que me encontraré cada vez que abandone las pistas ciclistas. En este asunto diría que en Huesca lo tenemos algo mejor.

Después de largas y llanas rectas bajo una pertinaz lluvia llego a Léon y me puedo incorporar a la pista ciclista, también llamada Eurovélo 1 o Vélodyssée. El desagradable trayecto por carretera se convierte en un agradable paseo por una pista entre bosques y por fin ha dejado de llover.

Después de unos 120 kms, llego a casa de mis siguientes anfitriones en Parentis-en-Borne. A pesar de llegar tarde, la amable Bernadette me espera con una cena caliente y una estupenda habitación frente a un hermoso jardín, donde me puedo reponer de la paliza. 

Martes. Por la mañana me encuentro un precioso y exhuberante jardín al salir de mi habitación. Después de un rico desayuno con confitura casera, me despido de los muy hospitalarios André y Bernadette, que a pesar de no ser ciclistas acogen a los ciclistas que pasan cerca de su casa. (Gracias a ambos).

Parto hacia Biscarrosse, donde visito el museo de hidroaviones. Desde este lago partían los hidroaviones transatlánticos a América hasta que tuvieron suficiente autonomía para prescindir de los amerizajes.


Después llego a uno de los platos fuertes de este viaje: la duna de Pyla. Es la más alta de Europa y tiene unas vistas impresionantes, aunque luego tuviera que ver como se oxidaban ciertas piezas de mi bici en su primera aproximación al océano.



Satisfecho de mi visita a la duna e impresionado por las vistas, me dirijo a Audenge, junto a la bahía de Arcachon, donde cenaré y dormiré en casa de Philippe, un ingeniero que trabaja en la industria aeronáutica. (Gracias, Philippe. No olvido tu sabroso cuscús).

Miércoles. Marcho por la senda ciclable bajo amenazantes nubes y me protejo de un chaparrón mientras aprovecho la wifi de una oficina de Turismo. En Aquitania es común tener libre acceso a la wifi en las oficinas de turismo, aunque estén cerradas. En Ares me encuentro un gracioso ovni aparcado en el paseo marítimo, puesto que su ayuntamiento acordó que aquel era el lugar oficial de entrada a nuestro planeta para los extraterrestres.


Tras pasar por la bonita laguna de Lacanau, llego a Lacanau-Océan y después de merendar busco un sitio tranquilo para plantar la tienda y dormir plácidamente con el estruendo del océano de fondo.



Jueves. Me acerco a la inmensa playa llena de gente y paso un buen rato paseando con el agua por los tobillos. Me sorprende que el agua esté templada y llena de surfistas, dado que estamos a finales de setiembre. En el puesto de socorristas una placa recuerda un socorrista ahogado en servicio. 


Visito la reserva de Cousseau, que es como un oasis entre tanto pino y arena y visita imprescindible, con una diversidad de flora y fauna asombrosa. Sigo y recorro el lago de Hourtin, el más grande de agua dulce de Francia, sin contar Leman que es compartido con Francia. Con 18 kms de largo impresiona bastante. Esa noche duermo al raso en la caseta de los socorristas de Maubuisson, donde puedo ver los murciélagos volando demasiado cerca de mi cara a cambio de librarme de los mosquitos.

Viernes. El pueblo está casi desierto pero puedo comprarme el desayuno en una pequeña tienda. El tendero me cala enseguida y me responde en español, aunque en esta zona no suele haber españoles, sino ingleses y alemanes...
Emprendo la ruta en esta preciosa mañana y al poco me salgo por un sendero sin señalizar encontrándome una defensa alemana, algo muy habitual, ya que en 250 kms de costa hay unas seiscientas construcciones militares: matamatas, búnqueres, puestos de observación... Varias construcciones alemanas se instalaron sobre otras fortificaciones francesas de diferentes épocas. Muchos son destacados y señalizados, otros están ocultos en la vegetación, otros se encuentran en el aparcamiento de una urbanización y muchos están en estado deplorable por efecto del mar. En la construcción de estas defensas constituidas en el Muro Atlántico, participaron trabajadores forzados españoles que estaban agregados a la Organización Todd, como se cita en el artículo «Víctimas del nazismo. Los esclavos españoles de Hitler», en El País del 26 de marzo de 2000:
Hubo, pues, «muchos esclavos españoles de Hitler» que trabajaron en compañías alemanas tan famosas como Bayer, BMW, Volkswagen, Siemens y otras tantas, en régimen de trabajo forzado.


En Soulac-sur-Mer sorprende la cantidad de preciosos palacetes y tétricos búnqueres. Incluso hay un museo que recuerda la cruenta batalla que hubo aquí para desalojar a los alemanes. Esta batalla innecesaria en mi opinión, ya que se dio cuando Alemania estaba ya en sus últimos días de guerra, supuso el fin de muchos aliados, entre ellos algunos españoles.

Unas sorprendentes barreras de piedra en la playa contribuyen a evitar la pérdida de la arena antes del comienzo de la SGM. Traían las piedras en barco desde Royan y las transportaban en un tren hasta la misma playa, por lo que extendían vías férreas sobre la arena para ubicar las piedras en su destino final. Esta pérdida de arena se debía a la transformación de la costa que ejercían los habitantes sobre el litoral. Esas barreras han formado piscinas naturales que son muy bien aprovechadas por los veraneantes. El antiguo ferrocarril se utiliza ahora para un tren turístico y también hay una senda ciclable hasta Pointe de Grave. Al caer la noche instalo la tienda en un aparcamiento inmenso detrás de una gran duna que me separa del mar y junto a un búnker alemán.