jueves, 9 de mayo de 2013

De Trespaderne a Reinosa pasando junto al lago Ness

Miércoles, llueve y pies para qué os quiero. El del hostal me dice que adónde voy con esta lluvia y le respondo qué hago yo aquí todo el día. Arranco y para de llover. Me encuentro con dos maños que vienen de barro hasta arriba. Por madrugar. Ellos van buscando los caminos, lo que explica el alto grado de embarramiento. 

Sigo mi camino, evitando el que ellos traían y poco a poco, llego al fantasmagórico paraje que anuncia el embalse del Ebro: nieblas que se apresuran a cruzar delante de mis ruedas, prados escarpados y caballos. Caballos robustos y tenaces creados para soportar en esta inhóspita tierra. Me parece que me he ahorrado el viaje a Escocia. 

Todo parece cerrado hasta que llegue el verano, así que me encamino a Reinosa, en donde me recomiendan primero ir a Cáritas y luego un hostal encantador a la par que algo destartalado. Elijo lo segundo porque no me quiero malacostumbrar. Sólo me tienen en cuenta lo de encantador a la hora de pagar.  

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