martes, 7 de mayo de 2013

De Vitoria a Trespaderne


Salinas de Añanas

Lunes, colada, compra y comida en casa de Arturo. Relax.

Martes, arranco siguiendo el Ebro aguas arriba. Una parada en las salinas de Añana, donde se extrae la sal en terrazas. Corzos y carreteras solitarias, acompañado siempre de un río. Un rodeo para visitar la espectacular Frías. Un tramo del camino del Ebro que se convierte en fangoso sendero bajo un manto vegetal. Parajes que hacen merecer la pena soportar la cansina lluvia.

Frías
Llego a Trespaderne donde el responsable del albergue me explica que no puedo dormir allí porque hay goteras y están en obras, así que me envía a un hostal cuyas habitaciones apestan a tabaco, pero donde puedo guardar la bici en una bajera. Estoy tan cansado que no tengo ganas ni de bajar al bar a tomar una cerveza, así que me ducho y me estiro en la cama con la ventana abierta para ventilar la habitación. No hay vistas al Ebro, sino a un patio mugriento. Tengo la sensación de que me han dado la peor habitación. Después de matar un par de mosquitos y revisar mis emails y la ruta del día siguiente me quedo durmiendo hasta las siete de la mañana, cuando el típico subnormal se dedica a vocearle a su compañero de trabajo o de lo que sea de una punta al otro del pasillo. Me dan ganas de salir y darle cuatro ostias, pero luego me llaman mala personal. Empezamos bien.


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