Después de pasar tres días en Vitoria descansando y asistiendo a charlas, entre ellas la de Haritz, por fin tomo la Vasco-Navarra y me dirijo a Estella. Empieza a llover y tengo que abandonar la vía verde ya que hay un túnel bajo los escombros, pero en cuanto empiezo a subir el puerto de Azazeta deja de llover y el buen tiempo me acompañará el resto del día. En la misma curva hay dos memoriales a motoristas fallecidos. La curva no parece muy mala pero nunca se sabe lo que puede pasar.
En Maestu vuelvo a conectar la vía verde después de bajar durante un rato largo. Es un recorrido bonito, sin embargo el centro de interpretación de Antoñana está cerrado. Consiste en vagones ferroviarios que sólo se abren el fin de semana. Al llegar a Murieta se acaba la vía y tengo que tomar un sendero muy bacheado y embarrado. Pronto llego a la carretera y antes de entrar a Estella empiezo a ascender diez kilómetros hasta Ibiriku de Yerri, donde me esperan Ofelia y su familia. Una hora sudando la camiseta.
Ofelia es una de las señoras que mueven la bicicleta en la zona y ha formado un grupo de aguerridas chicas que lo pedalean todo o casi. El resto de la familia no se queda atrás, empezando por el chico que compite en carretera.
El primer paisano que me encuentro al llegar es el marido de Ofelia, así que lo tengo fácil para encontrar la casa. Magnífica. Compartimos una cena familiar navarro-mexicana para chuparse los dedos y me voy a la cama después de recuperar las calorías perdidas y algunas más. Estamos en lo más alto de un pueblo de montaña. Las vistas son espectaculares y el aire puro y fresco. Ayuda a dormir y es lo que mejor se me da, así que aprovecho agradecido por la grandiosa hospitalidad y el cariño que me brinda esta familia amante de la bicicleta. Hubiese estado encantado de quedarme unos días.
Ofelia es una de las señoras que mueven la bicicleta en la zona y ha formado un grupo de aguerridas chicas que lo pedalean todo o casi. El resto de la familia no se queda atrás, empezando por el chico que compite en carretera.
El primer paisano que me encuentro al llegar es el marido de Ofelia, así que lo tengo fácil para encontrar la casa. Magnífica. Compartimos una cena familiar navarro-mexicana para chuparse los dedos y me voy a la cama después de recuperar las calorías perdidas y algunas más. Estamos en lo más alto de un pueblo de montaña. Las vistas son espectaculares y el aire puro y fresco. Ayuda a dormir y es lo que mejor se me da, así que aprovecho agradecido por la grandiosa hospitalidad y el cariño que me brinda esta familia amante de la bicicleta. Hubiese estado encantado de quedarme unos días.
Gracias a ti por habernos contado tantas cosas, por tu interesnate conversación y por animarnos a dejar las salidas "de romeria" y comenzar algo más largo e interesante en bicicleta. De este verano no pasa.
ResponderEliminarsigue disfrutando de la bici y de la vida:-)