martes, 14 de mayo de 2013

De Gijón a San Feliz por los montes

Martes me preparo para salir con destino a San Feliz. Cuando ya estoy listo cierro la puerta de la casa y un segundo después me doy cuenta de que me he dejado el casco dentro. No tengo llaves así que me toca ir a buscar las llaves de Raffa, que trabaja a diez quilómetros. En estos momentos me gustaría tener línea directa con la entrepierna de los que aprobaron la ley de obligatoriedad del casco.

Cudillero
Así que pierdo más de una hora por mi torpeza y decido coger el Feve hasta el precioso pueblo de Cudillero. No me resisto a bajar al pueblo desde la estación, aunque luego me toque volver a subir por una cuesta que se atraganta a cualquiera. Por fin arriba lo que peor llevo es el viento, así que en cuanto puedo abandono la costa y me adentro por un tranquilo y frondoso valle que sube bastante tendido hasta que de repente se ensancha la carretera y comienzo el verdadero ascenso a un puerto. La distracción del paisaje me ayuda a subir las rampas. Una vez en la cima me paro a abrigarme y disfrutar de las vistas. Tras un escalofriante descenso vuelvo a subir otro pequeño puerto, así llego a Brieves y sigo el GPS hasta un sendero que está medio destruido por las lluvias. Es una rampa bastante difícil y aunque sólo resta un quilómetro opto por retroceder y subir por la carretera, con el resultado de que hago una vuelta de ocho kms para entrar por Trevías y me encuentro con una rampa del demonio que me cuesta unos veinte minutos de subida empujando la bici. Llueve y ya es de noche cuando llego a la puerta de María, cuya familia me acogerá cálidamente durante los próximos días.
Me está vigilando la bici

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