Me dejo caer entre la niebla hasta que atravieso una calle de corte medieval que desemboca en un río de aguas negras. La bruma lo envuelve todo, convirtiendo el paisaje en algo fantasmagórico.
Después de un rato en la niebla salgo del valle y me vuelvo a encaramar a las suaves colinas hasta llegar a Eymet. Esta villa es bonita de verdad y pulcra. Sus calles forman una cuadrícula, lo que indica que poco queda de la original Eymet, pero han sabido preservar el gusto por lo antiguo. Tiene una buena plaza rodeada de porches y una gran fuente en el centro.
Llueve mucho y estoy cansado de subir colinas, así que acampo temprano en un campo de fútbol. A medianoche me despierta un concierto de música debido, probablemente, a las fiestas del pueblo. La música es buena pero la cantante es atroz. Deben de estar todos borrachos. De otro modo no entiendo que le aplaudan.
Domingo. Unas simpáticas ovejas me despiertan con sus merodeos alrededor de la tienda. Como pienso que son animales de dos patas que me quieren birlar la bici me levanto ipso facto dispuesto a todo. Afortunadamente no llega la sangre al río.
Llego al valle del Lot y me encuentro otro bonito pueblo: Casseneuil. Es muy bonito, pero a estas alturas del viaje ya estoy saturado de pueblos bonitos, así que sigo mi ruta hasta Villeneuve-sur-Lot, donde me esperan Florian y Léa. Esta encantadora muchacha me recibe entre fogones: ella es cocinera y quiere demostrar sus habilidades; así que una vez más, mis anfitriones me deleitan con una estupenda cena. En la casa hay un gatito negro al que han bautizado con el nombre de Nokia, porque es irrompible. Es decir, que sale sano y salvo de todos los líos en los que se mete.
Lunes. Desayunamos unos croissants que ha traido Florian y me despido de esta simpática pareja. Muchas gracias, chicos.
Doy un paseo por la parte antigua de la ciudad y encuentro una recoleta plaza rodeada de arcos. Los coches tienen que entrar a través de los arcos y estropean la bonita foto. Me llego hasta un puente y me detengo a hacer unas fotos de las riberas, ocasión que aprovechan los curiosos para preguntarme de dónde vengo. Todos me dicen lo mismo: À vélo? Cuando se convencen de que he llegado en bici, me dicen: Courageuse. Me hace gracia que a todos los curiosos de esta región se les ocurra decir lo mismo, aunque no me extraña porque, la verdad, en los departamentos del interior es raro ver un ciclista, aunque me han dicho que hay algo de afición al BTT.
Por recomendación de Florian subo una empinada cuesta para ver un pequeño llamado Pujols. Parece antiguo, pero en realidad está todo restaurado. Y no hay tráfico, ni gente, sólo algún turista.
Hasta Agen hay un paseo. Lo primero que llama mi atención justo antes de entrar a la ciudad es su hermosos cementerio con varias parcelas dedicadas a los militares, muchos de ellos procedentes de las colonias francesas. Doy una pequeña vuelta por la ciudad y me aposento junto al canal de la Garonne, por el que se puede llegar casi hasta Burdeos y Toulouse, donde se conecta con el Canal de Midi, por lo que en la práctica se puede cruzar Francia de costa a costa usando estos canales.
Después de dar un paseo por el canal me presento en el domicilio de Angélique. Esa noche tenemos una divertida cena con ella, su hijo y dos amigos de su hijo. ¡Gracias por la velada!
Martes. Me despido afectuosamente de Angélique con promesas de reencontrarnos.
Mi siguiente parada es Condom, donde hay una interesante estatua dedicada a los mosqueteros de Dumas. La relación de d'Artagnan con Condom viene dada porque éste nació en Lupiac, una aldea cercana. La biblioteca está situada en un antiguo palacio, donde me puedo conectar a la wifi. Mientras navego empiezan a aparecer gendarmes vestidos de gala. Por lo visto hay algún sarao que a mí no me interesa nada, así que recojo y me busco un área de picnic para cenar.
Justo donde ceno empieza una vía verde, por lo que la tomo y tras unos kilómetros acampo en un campo de girasoles.
Miércoles. Ha llovido y un ratón y una legión de arañas se refugian bajo el toldo de mi tienda. Cuando abro la cremallera el ratón desaparece de un salto, pero las arañas las tengo que sacudir de una en una. No me gustan mucho pero las respeto porque atrapan los mosquitos.
Continúo por la vía verde y pronto me doy cuenta de que se desvía hacia el norte, por lo que me salgo en la primera oportunidad. Después de subir una cuesta brutal de unos 300 metros, llego a un bonito pueblo, donde han recuperado un viejo taller de automóviles para que conserve su aspecto de los años 60. Asímismo, el depósito de agua ha sido decorado y se puede acceder a su parte superior, donde han puesto unas sillas y una mesa. Muy majo.
Sigo por una estrecha y solitaria carretera y veo otro pueblo que me llama la atención porque la torre de la iglesia está separada unos metros de ésta, formando parte del cementerio.
Esa noche acampo en un viñedo muy bien cuidado, por lo que es ideal para plantar la tienda y está muy resguardado.
Jueves. Un día lleno de cuestas bastante fuertes. En una de ellos alcanzo la velocidad máxima del viaje: 70 km/hora. Lo increíble es que no se me vuela la gorra, por lo que tengo que intentar batir el récord sin gorra (en circuito cerrado, por supuesto). Finalmente llego a Artix y voy a casa de Karine. Es una chica muy agradable y hospitalaria. Muchas gracias, Karine.
Viernes. Me acerco a Oloron, atravesando por un valle muy tranquilo. Me presento en casa de Stephanie y Pierre, que me han invitado previamente. Esta simpática familia me invita a comer y después de charlar un rato parto. Muchas gracias y hasta la próxima.
Hago una rápida visita de cumplido a Elisabeth en Oloron y sigo la marcha. Me encuentro con un simpático vaquero en bicicleta, que me narra entre risas una vez que estuvo en Huesca por las fiestas de San Lorenzo.
Mientras ceno asisto impresionado al espectáculo del sol poniéndose y la luna llena saliendo al mismo tiempo, por lo que en ningún momento necesito luz artificial, ya que el valle está completamente iluminado.
Sábado. Hoy toca subir el Somport, 16 kms. de subida constante y 1126 metros de desnivel, así que desayuno fuerte, compro comida y subo hasta Urdos sin forzar la marcha. Hace un poco de viento en contra. En Urdos almuerzo en un picnic y el viento ya es muy molesto. Voy subiendo el puerto muy tranquilo pero sin problema, hasta que llego a los dos últimos kilómetros donde el viento casi me tumba. Afortunadamente no hay tráfico, salvo alguna que otro turista, así que puedo circular por medio de la calzada para evitar salirme empujado por las ráfagas de viento. Al final, llego a la cumbre y me paro a estirar los músculos, muy feliz de haber superado este puerto. Me abrigo para la bajada y desciendo a velocidad moderada para no tener problemas con el viento.
Una vez en Canfranc liquido la comida que me queda y me subo al canfranero para llegar a casita, feliz de poder dormir en mi cama, pero pensando ya en mi próximo viaje: Burdeos-Narbona. ¿Te apuntas?
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