miércoles, 30 de octubre de 2013

2400 kms à vélo - Semana IV - De Angles-Sur-l'Anglin a Le Fleix

Sábado, 5 de octubre. Me despierta un estruendo de motores. Se trata de un rally de coches clásicos. Doy un último vistazo al pueblo y dirijo Saint-Savin, donde hay una basílica Patrimonio de la Humanidad, aunque no es ni la mitad que la Pilarica. Afortunadamente, hay otras cosas interesantes en el pueblo.


Pronto llego a Chauvigny, que presume de tener cinco castillos en el mismo risco, unos en mejor estado que otros, pero que le dan mucho encanto a la villa.


Entre una visita y otra se me va el día, así que hago un picnic junto al río y busco un sitio para acampar. Le pregunto a un abuelo y me invita a plantar la tienda en su jardín. Por la noche, me impresiona la presencia iluminada de la central nuclear de Civaux, a pocos kilómetros.

Domingo. Me despido del señor que me albergó y paso por delante de la central. Es la tercera que me encuentro en mi viaje, pero no había pasado tan cerca de ninguna.


En Civaux hay un cementerio carolingio, que está en servicio desde el siglo V. Los primitivos sarcófagos siguen allí, aunque sólo se ven unos pocos. El resto sigue enterrado y se estima que hay entre 7.000 y 15.000. Una parte del cementerio es más moderna pero hay otra sin tocar. La cerca del cementario está formada por tapas de sarcófago, lo que da una idea de la cantidad que hay.



Sigo hasta Lussac-les-Châteaux, que me decepciona porque no veo ningún castillo. Sin embargo, cuando sigo mi camino me encuentro hasta cuatro castillos repartidos entre viñedos. Finalmente llego a La Chapelle-Bâton, donde planto la tienda en casa de Mark y Marie-Laure. Mark cambio su apartamento en Inglaterra por un caserón en la campiña francesa. Marie-Laure es una francesa encantadora. Cenamos juntos y Mark me deleita con un plátano helado al chocolate. Gracias, pareja por vuestra hospitalidad.

Lunes. Mark me acompaña con su bici y visitamos dos pueblos cercanos que son de los más bonitos de la zona. La bici de Mark es recostada y lleva una banderita para hacerse ver. El flaneo de esta banderita provoca un ruido que aterrioriza a los caballos, así que por donde pasa provoca estampidas. 

En Charroux hay una torre que pertenece a las ruinas de una antigua abadía. Está un poco inclinada y está vacía por dentro, seguramente debido a un incendio.


Se ha hecho de noche cuando llego a Angulema. Me reciben Javier y Marion, una joven pareja que enseguida me hace sentir como en casa. Ambos son activistas de la bici en una ciudad donde se ven muy pocas bicis. 

Acabada la Guerra Civil española, se estableció en Angulema un campo de concentración para acoger a parte de los exiliados republicanos españoles. El 20 de agosto de 1940 partió desde Angulema un convoy de deportados republicanos españoles a Mauthausen-Gusen donde quedó aproximadamente la mitad de los ocupantes del tren: los hombres y los muchachos mayores de 14 años. Las mujeres y los niños por debajo de esa edad continuaron el viaje, hasta ser entregados finalmente, tras un largo periplo en ferrocarril por Alemania, en la frontera española de Hendaya a la policía franquista. La policía francesa trató reclutar a más españoles, ya que numerosas familias que trabajaban en los alrededores presentándoles esto como un viaje a países "libres". Al volver el tren de Mathausen hacia España con las mujeres y niños se detuvo brevemente en la estación de este mismo Angulema. Los alemanes temían que una mujer tuviese la peste y la bajaron del tren para llevarla al hospital de la calle Beaulieu. Esta señora mejoró rápidamente y contó lo que había ocurrido, de manera que los españoles de Angulema fueron informados, lo que impidió otros convoyes.

Martes. Paso la mañana visitando el plateau, que es como llaman a la parte de la ciudad por encontrarse en una meseta. Es una ciudad vieja y bonita, mientras que la parte moderna, la de abajo es decadente y fea, con industrias abandonadas.

Parece que esta región ha perdido población en estos últimos años y apenas hay inmigrantes, salvo los ingleses que compran casas a precio de saldo y se instalan para pasar su jubilación, con el punto a favor de que los precios son más bajos que en Gran Bretaña y la sanidad es mejor, aparte de la belleza del paisaje y la calma que se respira entre viñedos.

Miércoles. Me despido de mis queridos Javier y Marion (gracias!!) y sigo camino hacia Mensignac. Me pierdo en un cruzo y me meto 14 kms de más por la cara, así que cuando llego a a la aldea de Luc, éste me está esperando en el camino junto a su casa. Es una casa enorme donde vive junto a su padre inglés y su madre holandesa, además de dos perros muy graciosos y unos gatos que te encuentras por todas partes, incluida mi cama.

Cenamos en familia, con una charla muy animada en inglés, francés y español, que casi me cortocircuita las neuronas y a dormir.

Jueves. Luc y yo vamos de excursión a Perigueux. Mientras descendemos por una carretera a 30 km/h., la rueda trasera de Luc se sale de la llanta con un espectacular estallido. Por suerte, su madre acude al rescate con una bici de repuesto y podemos seguir camino, que resulta bastante extresante por la cantidad de tráfico que hay. Cuando nos queda poco para llegar podemos dejar la carretera y nos encontramos con el equipo de rugby de la Gendarmería entrenando. Como para meterse con estos tíos.

Perigueux es una ciudad medieval, con una catedral al estilo de hermosas cúpulas, como la de Angulema, que trata de emular a la basílica de San Marcos, en Venecia. También hay un imponente torre romana, junto a unas importantes excavaciones arqueológicas.

Catedral de Perigueux
Hacemos una rápida visita a Perigueux bajo la lluvia y un picnic en una recoleta plaza. Después nos damos prisa en volver a casa puesto que un frío helador se ha apoderado de la ciudad. En cuento dejamos atrás la influencia del río recobramos el calor. 

Antes de cenar, Luc me presenta el casis para fortalecer cervezas básicas, es decir, casi todas las que bebemos en España. Un buen descubrimiento para darle un poco de aliciente a la cerveza. Otra buena cena familiar y a dormir. Gracias, familia, por vuestra acogida.

Viernes. Llueve a cántaros y tengo que esperar un buen rato a que escampe antes de partir. Aún así, paso casi todo el día bajo la lluvia, aunque no sea el peor día que he tenido. En poco tiempo, los bosques dejan paso a los viñedos de la Dordoña. En esta zona, los vinos tienen denominación de origen Bergerac, que puja por hacerse un sitio con los vinos de Burdeos. Hay tantos ingleses que incluso hay un pueblo con alcalde inglés. Con guasa, algunos llaman al departamento Dordognshire y es que a veces parece Inglaterra por la cantidad de coches con el volante a la derecha que se ven, además que en casi todos los pueblos que paro escucho hablar en inglés.

Llevo todo el día subiendo y bajando colinas bajo la lluvia, así que me alegro un montón de llegar a mi destino: la casa de Bernadette y Colin, dos británicos (Escocia e Isla de Man) que han dado la vuelta al mundo en bicicleta después de jubilarse. Dos años haciendo camping en bici. Colin me muestra con orgullo las fotos del viaje y me explica algunas cosas del viaje. 

Después de poner a secar todas mis ropas me espera una sabrosa cena con tarta de la casa incluida. No es de extrañar que no haya perdido peso en todo el viaje.

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