Viernes 13 de setiembre. Hace un mes que no toco la bici, intentando recuperar mis rodillas y darle un respiro a mi trasero. De improviso, me levanto del sofá y empiezo a preparar la bici y el equipo para un pequeño viaje.
Monto en la bici un iglú de 3,5 kgs, un saco de dormir para 4 grados bajo cero y una colchoneta Thermarest, además de algo de ropa. La bici se pone en 35 kgs., sin contar la comida.
El sábado madrugo y me voy a la estación, donde me obligan a hacer la comedia de siempre: desmonta todas las alforjas y bultos para pasar el escáner. Paso todas las alforjas menos la de la comida. Como digo esto es una comedia estúpida destinada a desalentar a los ciclistas más que a la seguridad.
En el tren ya vienen nada menos que cinco maños con BTT que se bajan en Ayerbe. Aún tengo que estar agradecido de que me dejen montar en el tren., pero no entiendo para qué saco el billete si se supone que hay un límite de tres bicis. En fin...
| Col de Somport |
Casi tres horas de traqueteo después llego a mi destino y me dispongo a subir resignado el puerto de Somport. Un mes sin tocar la bici no te pone muy en forma, así que me cuesta una hora y media subir a la cima. Foto y para abajo. El descenso es vertiginoso y enseguida llego al cruce. Esta es la N134, nombrada por Napoleón III como Ruta Imperial a mediados del siglo XIX, como describe un monolito en la misma frontera. Lo primero que me hace parar es el Fort de Portalet, construido a mediados del siglo XIX mediante el horadamiento de la roca y el desafío de la gravedad.
| Port de Portalet |
| Bedous |
Desde el puerto hay 16 kms de descenso, luego empiezo a llanear con tendencia a descender aunque con viento en contra. Por ser sábado casi no hay camiones, pero los pocos que hay adelantan como quieren y me alegro de poder coger una carretera local donde no hay camiones.
Pronto me encuentro con la primera estela que homenajea a los protagonistas de la Segunda Guerra Mundial. Se podría decir que todos los pueblos tienen un monumento con los nombres de los caídos en la Gran Guerra, a los que se suma los caídos en las siguientes guerras: la SGM, Indochina, Argelia...
En Argelia murieron 30.000 franceses y se podría decir que fue el Vietnam particular de los franceses. Sorprende que haya pueblos de 500 habitantes con 20 o 30 caídos en la PGM y ninguno o dos o tres en la SGM, lo que muestra la gran matanza que supuso la guerra de trincheras entre el 14 y el 18.
| Monein |
En Argelia murieron 30.000 franceses y se podría decir que fue el Vietnam particular de los franceses. Sorprende que haya pueblos de 500 habitantes con 20 o 30 caídos en la PGM y ninguno o dos o tres en la SGM, lo que muestra la gran matanza que supuso la guerra de trincheras entre el 14 y el 18.
De vez en cuando también encontramos nombres españoles entre los caídos de cualquiera de las guerras.
En cinco horas me pongo en Oloron sin demasiado esfuerzo, salvo el inicial de subir el Somport. Llego a casa de Elisabeth y no hay nadie aunque la puerta está abierta, por lo que cojo un libro que ironiza sobre las nuevas tendencias de los franceses y me siento en la tumbona del jardín. Poco a poco van llegando las chicas, las niñas y la mamá. Compartimos una sabrosa y abundante cena, en la que descubro el queso Comté. Después de probar varios quesos comté encuentro que el más rico, además del más barato es el que vende Lidl y está curado doce meses. El queso es un poco más caro en Francia que en España, sin embargo hay muy buenos vinos por tres euros, ya sean de Burdeos como de otras zonas.
Domingo, 15. Después de un sueño reparador me despido de está simpática familia (gracias por vuestra compañía, chicas). Pongo rumbo a la villa termal de Dax. Hasta Navarrenx todo es fácil. Después de sobrepasar esta bonita villa empiezo a subir colinas que me hacen ponerme y quitarme la chaqueta constantemente, ya que el día está fresco. Por fin en Dax me encuentro con Juan, que me dará cuartelillo en el apartamento que comparte con Bernard. Otra opulenta cena con degustación de diferentes bebidas me provocan una noche de insomnio, justo cuando tengo que afrontar la etapa más larga.
Lunes. Tras un buen desayuno me despido (gracias, chicos). Cruzo Dax, que es bastante más grande que su nombre. Sin ser espectacular es una ciudad bonita, con su río. Nada más coger la carretera de Léon empieza a llover, pero eso no es lo peor, sino los cretinos que me adelantan a un palmo y que me encontraré cada vez que abandone las pistas ciclistas. En este asunto diría que en Huesca lo tenemos algo mejor.
Después de largas y llanas rectas bajo una pertinaz lluvia llego a Léon y me puedo incorporar a la pista ciclista, también llamada Eurovélo 1 o Vélodyssée. El desagradable trayecto por carretera se convierte en un agradable paseo por una pista entre bosques y por fin ha dejado de llover.
Después de unos 120 kms, llego a casa de mis siguientes anfitriones en Parentis-en-Borne. A pesar de llegar tarde, la amable Bernadette me espera con una cena caliente y una estupenda habitación frente a un hermoso jardín, donde me puedo reponer de la paliza.
Martes. Por la mañana me encuentro un precioso y exhuberante jardín al salir de mi habitación. Después de un rico desayuno con confitura casera, me despido de los muy hospitalarios André y Bernadette, que a pesar de no ser ciclistas acogen a los ciclistas que pasan cerca de su casa. (Gracias a ambos).
Parto hacia Biscarrosse, donde visito el museo de hidroaviones. Desde este lago partían los hidroaviones transatlánticos a América hasta que tuvieron suficiente autonomía para prescindir de los amerizajes.
Después llego a uno de los platos fuertes de este viaje: la duna de Pyla. Es la más alta de Europa y tiene unas vistas impresionantes, aunque luego tuviera que ver como se oxidaban ciertas piezas de mi bici en su primera aproximación al océano.
Satisfecho de mi visita a la duna e impresionado por las vistas, me dirijo a Audenge, junto a la bahía de Arcachon, donde cenaré y dormiré en casa de Philippe, un ingeniero que trabaja en la industria aeronáutica. (Gracias, Philippe. No olvido tu sabroso cuscús).
Miércoles. Marcho por la senda ciclable bajo amenazantes nubes y me protejo de un chaparrón mientras aprovecho la wifi de una oficina de Turismo. En Aquitania es común tener libre acceso a la wifi en las oficinas de turismo, aunque estén cerradas. En Ares me encuentro un gracioso ovni aparcado en el paseo marítimo, puesto que su ayuntamiento acordó que aquel era el lugar oficial de entrada a nuestro planeta para los extraterrestres.
Tras pasar por la bonita laguna de Lacanau, llego a Lacanau-Océan y después de merendar busco un sitio tranquilo para plantar la tienda y dormir plácidamente con el estruendo del océano de fondo.
Jueves. Me acerco a la inmensa playa llena de gente y paso un buen rato paseando con el agua por los tobillos. Me sorprende que el agua esté templada y llena de surfistas, dado que estamos a finales de setiembre. En el puesto de socorristas una placa recuerda un socorrista ahogado en servicio.
Visito la reserva de Cousseau, que es como un oasis entre tanto pino y arena y visita imprescindible, con una diversidad de flora y fauna asombrosa. Sigo y recorro el lago de Hourtin, el más grande de agua dulce de Francia, sin contar Leman que es compartido con Francia. Con 18 kms de largo impresiona bastante. Esa noche duermo al raso en la caseta de los socorristas de Maubuisson, donde puedo ver los murciélagos volando demasiado cerca de mi cara a cambio de librarme de los mosquitos.
Viernes. El pueblo está casi desierto pero puedo comprarme el desayuno en una pequeña tienda. El tendero me cala enseguida y me responde en español, aunque en esta zona no suele haber españoles, sino ingleses y alemanes...
Emprendo la ruta en esta preciosa mañana y al poco me salgo por un sendero sin señalizar encontrándome una defensa alemana, algo muy habitual, ya que en 250 kms de costa hay unas seiscientas construcciones militares: matamatas, búnqueres, puestos de observación... Varias construcciones alemanas se instalaron sobre otras fortificaciones francesas de diferentes épocas. Muchos son destacados y señalizados, otros están ocultos en la vegetación, otros se encuentran en el aparcamiento de una urbanización y muchos están en estado deplorable por efecto del mar. En la construcción de estas defensas constituidas en el Muro Atlántico, participaron trabajadores forzados españoles que estaban agregados a la Organización Todd, como se cita en el artículo «Víctimas del nazismo. Los esclavos españoles de Hitler», en El País del 26 de marzo de 2000:
Hubo, pues, «muchos esclavos españoles de Hitler» que trabajaron en compañías alemanas tan famosas como Bayer, BMW, Volkswagen, Siemens y otras tantas, en régimen de trabajo forzado.
En Soulac-sur-Mer sorprende la cantidad de preciosos palacetes y tétricos búnqueres. Incluso hay un museo que recuerda la cruenta batalla que hubo aquí para desalojar a los alemanes. Esta batalla innecesaria en mi opinión, ya que se dio cuando Alemania estaba ya en sus últimos días de guerra, supuso el fin de muchos aliados, entre ellos algunos españoles.
Unas sorprendentes barreras de piedra en la playa contribuyen a evitar la pérdida de la arena antes del comienzo de la SGM. Traían las piedras en barco desde Royan y las transportaban en un tren hasta la misma playa, por lo que extendían vías férreas sobre la arena para ubicar las piedras en su destino final. Esta pérdida de arena se debía a la transformación de la costa que ejercían los habitantes sobre el litoral. Esas barreras han formado piscinas naturales que son muy bien aprovechadas por los veraneantes. El antiguo ferrocarril se utiliza ahora para un tren turístico y también hay una senda ciclable hasta Pointe de Grave. Al caer la noche instalo la tienda en un aparcamiento inmenso detrás de una gran duna que me separa del mar y junto a un búnker alemán.
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