miércoles, 24 de julio de 2013

Desde la Peña a Huesca por lo más salvaje

En un día cualquiera de Julio me despierto temprano a pesar de no haber dormido mucho. Hoy será el día que haré lo tantas veces he pospuesto en espera de que alguien se anime a acompañarme: atravesar la sierra desde La Peña hasta Huesca.
Llego tarde a la intermodal, pero el Canfranero es más tardón que yo. Pido mi billete y el taquillero me dice que el tren ya ha marchado. Error, el de seguridad me dice que todavía no ha llegado. Así que compro el billete y mi bici no paga hasta nueva orden, después de que Renfe haya retirado el gravamen/timo de 3 euros por bici.
Monto al tren y no hay más bicis, aunque si que hay más ciclistas: dos alemanes que no han traido sus bicis por el problema que les supone su transporte España. Todo se sabe. Como andamos sobrados de turistas y no nos importa nada la economía, salvo la personal, no hay problema. Si nuestros políticos fueran tan vivos para llenar las arcas del Estado como para llenar sus propios bolsillos seríamos el país más rico del mundo. Con la crisis que hay y siguen encontrando donde robar, ¡qué tíos! Menos algunos que ya sabemos que son honrados y hasta dinero les cuesta la política. Pero no nos engañemos, también es robar cobrar dietas de más de un sitio a la vez, recibir regalos, colocar amigos y familiares, otorgarse pisos de protección oficial... y todo tipo de prebendas que los propios políticos se han encargado de legalizar. El Canfranero va tan despacio que me da tiempo a pensar en todo esto. 
El alemán me explica que en Alemania permiten cuatro bicis por tren, pero que a veces llevan vagones exclusivos para bicis, por lo que es raro no poder montar la bici. Aquí Renfe ha resuelto el problema disuadiendo a los ciclistas de que usen el tren, ya sea con sus ganchos imposibles, sus malos accesos, sus controles de seguridad y su parco espacio. Los perros viejos tenemos nuestros trucos que no desvelaré para que no nos fastidien, pero no sería la primera vez que me toca quedarme en tierra.
En esta charla con los alemanes llego a La Peña y me apeo, encarando con alegría la ruta escogida: subir al castillo de Marcuello por el Camino de Santiago, a través de la Foz de Escalete. Enseguida descarga una tormenta y me tengo que refugiar debajo de un puente que salva la vía del tren. Llega un paisano y charlamos. Me cuenta que van a arreglar un tramo de vía que está muy mal... Llegan unos excursionistas vascos que van a Riglos, cuando escampe. Unos veinte minutos y ya puedo retomar la marcha. Me interno en un pequeño bosque lleno de mosquitos que me susurran sus malas intenciones al oído. Llego a la Foz y me detengo un poco para disfrutar del estruendo de su río.























Pasada la frescura del barranco pronto empieza a picar el sol en un ambiente muy húmedo. Todo es para arriba, unos 6 kms, y poca sombra, por lo que el sudor me cae a chorros por la cara. A media subida tropiezo con dos chicas de Igualada que hacen el Camino y ya llevan cuatro horas caminando, con tormenta incluida. Intercambiamos información y nos deseamos buen camino. Pronto llego a una fuente donde puedes beber agua fresca pero sin tratar. Yo he bebido y no me he muerto. Mientras me refresco pasan dos todoterrenos franceses cargados con la familia. Me saludan y pasan despacio. Me recuerdan a los que llevan a los niños al colegio en Huesca, con silleta y todo.

Llego a un camino muy empinado y en mal estado que baje hace un par de semanas junto a un maño peregrino llamado Víctor, equipado con un GPS que no entiende de cuestas. No hago caso ni al GPS ni a las flechas (el que pintó la flecha amarilla para ciclistas tendría que volver a cambiar la flecha). El camino ancho por el que han subido los franceses está en muy buen estado y pica muy poco, así que tomo esa opción y llego a mi destino muy contento de no haber tenido que empujar la bici en ningún momento. De La Peña a Marcuello en hora y cuarto. Está bien. Una visita al mirador de Marcuello para deleitar la vista y recuperar el resuello.






Ahora toca lo mejor: el sube y baja bordeando la ladera de la sierra a unos 1000 m de altura, con vistas y entorno impresionantes (depende de lo impresionable que seas). En un rato llegamos a Loarre y tomo el camino que bordea el castillo dirección a Aniés.























En el cruce que marca Aniés 4 kms decido lanzarme a la aventura por un camino abandonado pero que mantiene la altura, con la esperanza que conecte con otro en mejor estado. El camino va cambiando de regular a malo y terrorífico. Paso de lidiar con las zarzas a descender por un arroyo con gran dificultad para mantener el equilibrio y la trayectoria. Para poder aguantar la bici tengo que hacer varias paradas para que se enfríen los frenos y bajar el sillín a tope para evitar irme de boca, dado lo inclinado de la pendiente. Este camino no tiene ningún tipo de roderas por lo que se utilizaría antiguamente con caballerizas.
Al final llego a Aniés jurando no volver a pasar por ese camino. De bajada a Bolea, en una curva se me va la bici de delante, escucho como derrapa la rueda y tiro de manillar hacia arriba para enderezar la bici para evitar la caida. Afortunadamente tenía anchura y no iba a más de 30, así que me libro. Una espina ha pinchado la rueda y ha causado que el neumático no sujetara la llanta. Llego a la piscina de Bolea y me tomo una cervecita y unos cacahuetes para recuperarme. A continuación busco los parches autoadhesivos y no los encuentro, así que saco la cámara de repuesto y hago el cambio mientras escucho los interesantes chascarrillos de la sección femenina. Ya tengo preparada en casa una cámara de gel para no tener estos contratiempos. Todo resuelto, fresquito y lavado arranco y me cepillo los últimos 20 kms con ganas de llegar a casa y tomar algo fresco, ducharme y hacer una merecida siesta. 
Cuatro horas pedaleando, ocho desde que salí de casa y 60 kms, de los cuáles 34 por caminos de tierra.
La próxima vez haré lo mismo pero desde Riglos, para gozar de los Mallos y evitando los caminos de mulas.

4 comentarios:

  1. Buena y bonita ruta.

    Un peregrino

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  2. Unas vistas impresionantes. ¿Las fotos del mirador son de Marcuello?

    José

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  3. Felicidades por tu viaje. La próxima vez que quieras conocer la montaña oriental asturiana estás invitado a pasear por el parque natural de Ponga

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Te agradezco que envíes fotos que ayuden a enriquecer este blog. GRACIAS.